Los organizadores cifran en 10 mil los participantes. Una enorme demostración de la voluntad de lucha de amplios sectores de la juventud y un punto de apoyo para conformar bloques de independencia de clase para enfrentar la oleada reaccionaria.
Miles de personas, sobre todo jóvenes, tomaron este sábado las calles de Bilbo e Iruñea en sendas manifestaciones convocadas por la organización juvenil Gazte Koordinadora Sozialista (GKS) bajo el lema “Faxismoaren eta estatuen autoritarismoaren aurka” (Contra el fascismo y el autoritarismo de los Estados). Desde el GKS se estimó en 10 mil el número de participantes en ambas movilizaciones.
Esta es una gran muestra de que son miles los jóvenes que quieren movilizarse y organizarse para enfrentar la ofensiva reaccionaria y los ataques a nuestras condiciones de vida. Durante los casi 8 años de gobierno “progresista”, estas se han seguido degradando, siendo la crisis de la vivienda un vector central del proceso. Al mismo tiempo, se han fortalecido las políticas, los discursos y las organizaciones más reaccionarias.
En Bilbo, la marcha partió por la tarde desde la plaza del Sagrado Corazón y recorrió la Gran Vía hasta el Ayuntamiento, en medio de consignas antifascistas y banderas rojas. En Iruñea, la manifestación comenzó en la Plaza de la Libertad y exigió también el derribo del Monumento a los Caídos, un enorme símbolo franquista que sigue presidiendo la céntrica plaza.
Según los portavoces del GKS se consiguió el objetivo de mostrar que “en Euskal Herria somos miles de jóvenes, dispuestos a hacer frente al fascismo” y enfatizaron que no aceptarán ni la exaltación del franquismo ni ideas supremacistas, racistas o machistas. Defendieron que la movilización y organización de la juventud trabajadora es necesaria para “cerrar las puertas al fascismo” y contrarrestar el giro autoritario de los estados. Criticaron también a los partidos socialdemócratas y gobiernos de distinto signo que están aplicando o apoyando medidas autoritarias.
Señalaron el deterioro de las condiciones de vida, la precariedad laboral y la crisis de vivienda como elementos que alimentan el descontento social y favorecen la aparición de discursos autoritarios. También denunciaron la campaña de criminalización impulsada por el Gobierno vasco y diversos medios de comunicación contra su organización.
Por último, defendieron la necesidad de fortalecer la organización colectiva, denunciar la estigmatización institucional de la protesta y tejer alianzas entre distintos sectores de la clase trabajadora para construir una respuesta sostenida en el tiempo contra el fascismo, el militarismo y las políticas restrictivas de derechos democráticos. Concretamente se refirieron a la necesidad de construir “un gran frente de los trabajadores, conformado por los colectivos de la clase trabajadora y los colectivos populares”.
Una idea que adelantaron hace unos meses en un documento titulado “Línea comunista y antifascismo” que pretendía dar esta orientación a las organizaciones que conforman el Movimiento Socialista. La gran demostración de fuerzas en Bilbo e Iruñea podría ser un buen punto de partida para comenzar a articular en la práctica esta idea de frente contra la reacción.
Desde la CRT respondimos a esta propuesta en un artículo de Pablo Castilla, portavoz de la CRT, donde se planteaba cómo podríamos dar pasos en esta dirección. Vemos importante intentar conformar bloques de independencia de clase en las diferentes luchas contra el militarismo y el refuerzo autoritario de los Estados, así como para ayudar a coordinar y rodear de solidaridad las luchas de la clase trabajadora. Una unidad de acción que para nosotros debería tomar como tarea central impulsar organismos de autoorganización como asambleas o comités en los centros de estudio y trabajo. La autoorganización es fundamental para tratar de incorporar a la lucha al grueso de la clase trabajadora, siendo parte de sus luchas desde adentro y peleando por imponer el frente único a sus grandes organizaciones, los sindicatos.
La ola reaccionaria avanza a nivel internacional con nuevos episodios como el ataque de EEUU contra Venezuela, el refuerzo del militarismo europeo tras la excusa de Groenlandia o la ofensiva del ICE. Sin embargo, el avance de Trump, las políticas reaccionarias en la UE o la extrema derecha están lejos de ser una realidad consolidada y estable.
La reciente lucha en Minneapolis demuestra que el factor central y determinante sigue siendo la lucha de clases, aún cuando todavía el despliegue de la fuerza de la clase obrera ha sido parcial. La huelga contra la ICE y los fenómenos de autoorganización vecinal han puesto en jaque la guerra contra el inmigrante y al propio gobierno de Trump. Una victoria parcial y en absoluto definitiva, pero que ha popularizado la consigna de que hay que enfrentar al gobierno Trump por medio de la huelga general en un país que nunca en su historia ha vivido una.
El ejemplo de Minneapolis se suma a otros ejemplos recientes como las huelgas por Palestina en Italia de septiembre y octubre. En este segundo caso, el sindicalismo combativo de la USB, junto al movimiento por Palestina y la juventud, lograron imponerle el frente único a la burocracia de la CGIL para que tuviera que llamar a la huelga general, lo cual permitió que la jornada del 3 de octubre fuera histórica.
Estos ejemplos muestran una tendencia nueva de lucha de clases, con más intervención de sectores de la clase obrera, y ponen en evidencia que la ultraderecha reaccionaria no es en absoluto todopoderosa. Pese a lo brutal de la ofensiva reaccionaria podemos dedir que “hay partido” y que es urgente prepararnos para ganarlo. Seguir y profundizar el debate con los compañeras del MS sobre cómo lo hacemos, con qué políticas de frente o bloque común o con qué contenido, es parte de esta preparación.





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