La huelga de Airbus continúa. En una votación las asambleas de trabajadores han decidido mantener la huelga por un ajustado 51,23% frente a 48,7%, mientras las burocracias sindicales preparan un referéndum trampa para votar el preacuerdo acordado con la patronal y el Ministerio de Industria para terminar con la lucha.
Desde el inicio esa alianza entre la empresa, CCOO-SIPA-ATP llevan metiendo palos en la rueda de la huelga. Lo han intentado por tierra, mar y aire y no la han parado ni con el referenfraude que prepararon. Ahora trajeron refuerzos y se presentaron con el ministro del gobierno progresista.
Quieren imponer «su acuerdo», no porque tengan razón, ni porque democráticamente así se haya decidido, sino por cerco, agotamiento, sembrando la división y preparando un nuevo referenfraude. Es cierto que la consulta del lunes y martes refleja cansancio. En no pocos compañeros y compañeras ya pesan en los ánimos y los bolsillos los cerca de 40 días de huelga. Reflejan, sin duda, la siembra de la confusión, pero reflejan también, y sobre todo, mucha tenacidad de un sector de la plantilla que ha sido y sigue siendo la vanguardia de esta lucha, esencialmente Getafe y San Pablo.
Seguramente la empresa, esos firmantes que solo se consultan a sí mismos y el ministro en persona pensaron que esta vez sí sería coser y cantar. Y de nuevo el resultado global, apretado cierto, pero es… que sigue la huelga por 51,23% frente a 48,7%.
Como decía una carta en solidaridad enviada por el sindicato co.bas a los compañeros y compañeras de CGT y UTIL de Airbus, el preacuerdo alcanzado en el SIMA entre la empresa, CCOO, ATP y SIPA, con el aval del gobierno, «sienta un precedente muy peligroso para todas las organizaciones sindicales», porque ignoró al propio comité de huelga. Pero, además, es un preacuerdo que, sin conocer todos sus detalles, no da respuesta a todas las demandas de la huelga.
Pase lo que pase de aquí al referéndum que se anuncia, es un hecho que el acuerdo final será superior al que la empresa y sus adláteres querían firmar. Y se ha llegado hasta ahí no gracias a la «astucia negociadora» de quienes han hecho de firmar en los despachos un oficio, sino porque la huelga ha ido arrancando concesiones una a una, y porque dos preacuerdos anteriores ya fueron tumbados por las asambleas.
Airbus, que presume de resultados récord y que cobra del rearme europeo mientras ofrece devolver a plazos lo que la plantilla perdió en años de inflación, ha tenido que moverse. Y el gobierno también, que por algo mandó al ministro a hacer de «mediador» urgente en un conflicto que se le escapaba.
Pero más allá de los datos concretos del «acuerdo» lo que no toleran es que la asamblea y el Comité de huelga aparezcan en la foto de cualquier mejora. Si la mejora llega por la vía del despacho, la firma nocturna y a trompicones tramposos, la lectura final les dará para soñar que todo vuelva a ser como antes. Pero si queda claro que ha sido la asamblea la que la ha arrancado, el ejemplo cunde, y el ejemplo es lo que más temen. Por eso los acuerdos se firman entre gallos y medianoche o en el despacho de al lado, donde el Comité de Huelga no puede entrar.
Y por eso preparan ahora, sin prisa por fijar fechas, el referéndum «vinculante» de toda la plantilla. Un referéndum donde van a votar en condiciones de «igualdad» quienes sostuvieron el piquete y quienes no han movido un dedo; quienes han perdido semanas de salarios y quienes han esperado el desenlace desde el sofá. Los y las huelguistas, los jefes, los mandos y los esquiroles. Todos iguales ante la papeleta, como si la igualdad se repartiera sin haberse peleado por ella. Esa es su democracia.
Porque su democracia es así, sus piquetes van de uniforme y están ahí para garantizar que los esquiroles entren y todo funcione como si no hubiera huelga, el tráfico incluido. En cambio, si los piquetes los forman trabajadoras y trabajadores, vestidos como cualquier día y como cada cual quiere, ponen su pancarta, informan y exigen que se respete lo que se acordó, entonces son «violentos» y ya no se les deja ni poner la pancarta en el centro de la puerta y que no se les ocurra cortar la calle, como en estos días hacen los y las maestras de Catalunya y toda la vida hicieron los obreros de CASA.
Tampoco desconozcamos las dificultades: los sectores dudosos pesan. Ahora toca poner todo el empeño en la marcha del sábado 12. Toca llamar a toda la plantilla, a quienes votaron no al parón y a quienes preferían que sí, hay que poner todo el empeño en juntos/as plantarnos el próximo sábado ante el Ministerio. Toca ir, llevarse a las familias, a las y los amigos, rodear la marcha de solidaridad desde todos los sitios y desde todas las luchas que la clase obrera tiene abiertas, la educación pública, las compañeras del 0-3, la logística, el sector social… Esta marcha no tiene que ser un acto más, tiene que ser un punto de encuentro, de coordinación y de reflexión. La foto de una clase que decide dejar de mirar cada conflicto por separado y empieza a mirarse en el espejo de las otras. La marcha es una cita de honor para el resto de sectores en lucha, como las trabajadoras de la educación que van a la huelga el 14 de octubre, para los compañeros y compañeras de la logística, que también se preparan para el combate, del sector social, para la juventud que lucha en las universidades, los institutos y las FP.
La asamblea ya ha respondido esta semana: la huelga sigue. Ahora le toca a la calle responder el sábado y hacer ruido de verdad. No para convencer a quienes ya han decidido, sino para que quienes todavía dudan no tengan que decidirlo solos/as.
Y un aviso final para el triunvirato sindical de los conspiradores de despacho, los notarios de las sombras: si finalmente lográis cerrar esta situación por agotamiento y el «referéndum» a medida de la patronal y el Ministerio, acordaos que esto ha sido una batalla, muy importante pero solo una batalla y no la guerra. La guerra seguirá y su próxima batalla se vislumbra muy pronto, asoma ya por el horizonte de un nuevo convenio. Y ahí la plantilla ya no será la misma, porque una huelga es una escuela de guerra y, a lo mejor y ojalá sea así, aprendidas las lecciones de esta os encontráis con que lleguen refuerzos y la lucha ya no sea de la plantilla de Airbus, sino de toda la clase obrera que hace funcionar esta empresa, la plantilla y las compañeras y compañeros de las subcontratas, que han sido los grandes olvidados de esta batalla. Sumarlos a la lucha e incorporar sus reivindicaciones es una de las grandes tareas por delante.
La coordinación de la lucha, hacia adentro de la empresa y hacia afuera, tiene que actuar como un multiplicador de fuerzas. Esa es la vía, para que nuestra clase haga valer frente a la patronal, las burocracias y el gobierno, que un piquete es un piquete y las decisiones de las asambleas se respetan. ¡Viva la lucha de Airbus! ¡Todxs a la marcha del sábado 12 en Madrid!
Elías Lavín
Ángel Luis Parras






