A continuación, reproducimos la declaración internacionalista suscrita por la Corriente Revolución Permanente por la Cuarta Internacional (CRP-CI), March to Socialism (Corea del Sur), Corriente Roja – Cuarta Internacional (CR-CI, Estado español), Rouge (Bélgica) y What is to be Done (Canadá).
La guerra de agresión imperialista de Estados Unidos e Israel contra Irán está entrando en su cuarta semana. En la que ya es la mayor ofensiva estadounidense en Medio Oriente en un cuarto de siglo, no están claros los objetivos de Donald Trump, al mismo tiempo que aumenta el precio del petróleo y se multiplican los obstáculos al comercio global. El cierre del Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del comercio internacional de petróleo, ha desencadenado la peor crisis energética desde el embargo petrolero de 1973. Los ataques militares a buques petroleros y la paralización del tráfico marítimo en el Golfo impactan negativamente en la economía mundial, aumentando la inflación y llevando el barril de petróleo a más de 100 dólares, lo que hace más presente la amenaza de estanflación.
Trump parece haber entrado en esta nueva aventura imperialista con la hipótesis simplista de que un ataque militar devastador de Estados Unidos e Israel llevaría a la rápida caída del régimen de los ayatolás, y a su sustitución por un liderazgo dispuesto a someterse a Estados Unidos (como en Venezuela con Delcy Rodríguez). Buscaba una operación que evite enviar tropas terrestres, como hizo en Irak en 2003.
Trump no consiguió los resultados que deseaba. Tras la espectacularización de los bombardeos iniciales, el resultado no fue ni un cambio de régimen, ni la conquista de un liderazgo colaboracionista al estilo de Venezuela. A pesar de la superioridad militar de la alianza entre Estados Unidos e Israel, y de haber obtenido importantes victorias tácticas, esto por sí solo no fue suficiente para forzar la rendición o el colapso del régimen iraní —aunque existen riesgos de fisuras internas e incertidumbres sobre la respuesta del régimen con el asesinato de Ali Larijani, jefe de seguridad nacional de Irán.
Mojtaba Khamenei encabeza ahora el régimen teocrático tras el asesinato de Ali Khamenei, sosteniendo una línea desafiante contra Washington. El alto mando de la Guardia Revolucionaria Iraní y de las Fuerzas Armadas recibió duros golpes, pero no se derrumbó. Teherán sigue respondiendo militarmente. Su objetivo es aumentar los costos militares, políticos y económicos para los agresores, hasta el punto de que eventualmente consideren que es mejor desistir y buscar alguna solución negociada. Por eso desgasta los sistemas de defensa enemigos, bombardea embajadas estadounidenses y aliados de Trump en el Golfo Pérsico —como Emiratos Árabes Unidos, cuyo puerto petrolero de Fujairah fue bombardeado en represalia al ataque estadounidense a la isla de Kharg, infraestructura energética crucial de Irán.
Económicamente, la presión aumenta. No hay perspectiva de retorno al comercio regular de petróleo, y el abastecimiento de gas para Europa está en peligro. La idea de escoltar militarmente los cargueros de petróleo es poco más que una fantasía: cada viaje sería más caro que la propia carga escoltada. Efectivamente, los países que Trump convocó (Francia, Inglaterra, Corea del Sur, Japón) para enviar buques de guerra con el fin de forzar la apertura del Estrecho de Ormuz se negaron por ahora a hacerlo, o evitan dar respuestas claras.
Son muchas las contradicciones que acosan al régimen imperialista bipartidista de Estados Unidos, especialmente el gobierno de Trump, en medio de una ofensiva militar imperialista que denota más la decadencia hegemónica de Estados Unidos que su fortaleza. Internamente en EE.UU., aumenta la impopularidad de una guerra que cuesta a las arcas públicas una cifra exorbitante de 1.000 millones de dólares por día. Figuras nacionales de la derecha trumpista, como Tucker Carlson, Marjorie Taylor Greene y el podcaster Joe Rogan, se oponen a la guerra, incrementando las fisuras en el movimiento MAGA (Make America Great Again). Una de las expresiones más notables de esa crisis es la reciente dimisión de Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo, alegando que “Está claro que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y de su poderoso ’lobby’ en Estados Unidos”. En una encuesta de NBC News, el 54% de la población rechaza la ofensiva contra Irán, lo que refleja la creciente caída de aprobación en los sondeos electorales de Trump, que busca contener los efectos negativos para las elecciones de medio mandato en noviembre.
Además, uno de los principales problemas de Trump es la alianza con Israel. Como continuidad del genocidio y la limpieza étnica contra el pueblo palestino, Netanyahu tiene como objetivo eliminar la República Islámica y sumir a Irán en una guerra civil que lleve a la fragmentación política, religiosa, étnica y territorial, siguiendo el modelo de Siria o Libia. Solo puede sobrevivir mediante la estrategia de “guerra permanente” en Oriente Medio, como lo demuestra en los bombardeos contra el Líbano. Del lado de Trump, lo que no puede permitirse es hundir a EE.UU. en otra “guerra eterna” que consuma medios y recursos, alejándose de la prioridad estratégica de contener a China en Asia-Pacífico. Esa es la razón de sus declaraciones contradictorias, ora afirmando que la guerra puede durar 4 o 6 semanas, ora asegurando que está a punto de terminarla, sin precisar ni cuándo ni cómo. La brecha que distingue los intereses estratégicos del imperialismo estadounidense de los de Israel tiende a ampliarse, sin una solución sencilla a la vista.
Ante este escenario, es imperioso levantar un movimiento mundial contra la guerra imperialista y por la derrota política y militar de Estados Unidos e Israel en Irán. La izquierda antiimperialista, socialista y revolucionaria debe defender incondicionalmente la derrota de Estados Unidos e Israel (así como de las potencias europeas que los apoyan), es decir, estar inequívocamente en el campo de la nación oprimida contra la nación opresora. De la misma manera, es necesario imponer un fin inmediato a la ofensiva militar del sionismo contra el Líbano. La bandera de la derrota de los planes de reordenamiento regional por parte del terrorismo sionista es inseparable de la batalla por derrotar a Trump y Netanyahu en su ofensiva contra Irán.
Por ello, son equivocadas todas aquellas posturas que, dentro de la izquierda, ponen un signo de igualdad entre la intervención militar imperialista y el régimen reaccionario de Irán. Para los marxistas, es una obligación posicionarse en el campo de la nación oprimida, a pesar del carácter reaccionario del régimen. Si Estados Unidos y el Estado de Israel triunfan e imponen sus objetivos, las condiciones de la lucha antiimperialista y anticolonial empeorarán no solo en Irán, sino en todo el mundo, en primer lugar en Oriente Medio. Este resultado tendría efectos desastrosos sobre la lucha por la emancipación del pueblo palestino. En el Líbano, significaría el avance de la destrucción nacional, ante las aspiraciones expansionistas de Netanyahu. En América Latina, tal desenlace implicaría el refuerzo de la “Doctrina Donroe”, con medidas más violentas e intervencionistas de dominio del “Hemisferio Occidental”: el agravamiento de la sumisión neocolonial de Venezuela (que con la colaboración del régimen chavista avanzó em convertirse en un protectorado yanqui), de la asfixia económica que golpea al pueblo cubano y las conquistas remanentes de la Revolución de 1959, además de la injerencia de Estados Unidos en la situación política de muchos países de la región.
Por el contrario, si el imperialismo estadounidense y el sionismo sufren una derrota, mejorarán las condiciones para una batalla frontal contra el militarismo y las intervenciones coloniales en todo el mundo. Es por esta razón que debemos levantar un poderoso movimiento antiguerra imperialista que defienda abiertamente la derrota de Washington y Tel Aviv en su guerra criminal.
Esta posición, defendida por la Corriente Revolución Permanente – Cuarta Internacional, March to Socialism de Corea del Sur, la Corriente Roja – Cuarta Internacional del Estado español, por Rouge de Bélgica y por What is to Be Done de Canadá, se sostiene en la más absoluta independencia de clase frente al régimen antiobrero, represivo y reaccionario de los ayatolás. Consideramos que ninguna emancipación o libertad para la clase trabajadora, las mujeres y el pueblo iraní podrá venir a través de las bombas o de las intervenciones del imperialismo y del Estado genocida de Israel.
El régimen político teocrático y ultraconservador de Irán, ahora liderado por Mojtaba Khamenei, ya se ha demostrado en numerosas ocasiones como un enemigo implacable de las masas trabajadoras y populares de Irán, responsable de la persecución de las mujeres y de los kurdos, y de la represión de las huelgas obreras en el país. Ante la inminencia de la guerra, la teocracia cerró filas y selló su unidad interna con un baño de sangre contra la población, reprimiendo brutalmente las protestas contra la crisis económica que habían puesto en jaque al régimen en enero. Se trató de una demostración contundente del descontento popular, que Trump y Netanyahu intentaron, sin éxito, instrumentalizar para su política de “cambio de régimen”. Esta conducta perjudicó sistemáticamente la preparación del enfrentamiento y de la resistencia antiimperialista en Irán. Pero tal es el modus operandi de la dictadura teocrática de los ayatolás, que surgió de la expropiación política de la Revolución Iraní de 1979, el más orgánico de los procesos revolucionarios, obreros y antiimperialistas en Oriente Medio, brutalmente reprimido por el aparato clerical chií.
Además, incluso en su derecho a la autodefensa contra la agresión imperialista, las acciones bélicas de Irán implican la represión de cada manifestación de disidencia, un método nefasto que debilita la lucha contra Estados Unidos e Israel. Condenamos tal política de represión y el etiquetado de aquellos manifestantes que luchan contra la crisis económica y el régimen reaccionario como “enemigos”.
Esta es la razón por la cual nos oponemos categóricamente a la política “campista” de sectores de la izquierda populista (y de la centroizquierda burguesa), que intenta identificar la legítima lucha antiimperialista con el apoyo político a regímenes sanguinarios y reaccionarios, o a las llamadas “potencias multilaterales”, China y Rusia. Durante el genocidio palestino, ninguna de las dos movió un dedo en defensa de Gaza. Ni China ni Rusia (Putin sigue centrado en obtener el máximo beneficio en la guerra de Ucrania y ahora del aumento del petróleo por la guerra contra Irán) se manifestaron en defensa de sus aliados, más allá de las previsibles declaraciones de repudio a la agresión estadounidense y apoyo al régimen atacado. China, a pesar de ver perjudicados sus intereses estratégicos con la subida de los precios energéticos, actúa con cautela para no poner en riesgo sus acuerdos con Israel (o con las reaccionarias monarquías del Golfo, como Arabia Saudita). La realidad es que, lejos de configurarse como alternativas “progresistas” o un “mal menor” frente al desastre imperialista, tanto China como Rusia son Estados capitalistas (en el caso de China, una gran potencia capitalista, para algunos compañeros/as, imperialismo emergente), dotados de regímenes profundamente reaccionarios, autoritarios y antiobreros. No son aliados en la lucha de los pueblos del mundo contra la barbarie colonial y militarista.
El enfrentamiento contra la agresión imperialista sólo puede hacerse con la más completa independencia política frente a todos los Estados capitalistas y regímenes reaccionarios, como el de Irán y los de las burguesías árabes en Oriente Medio. Por su carácter burgués y reaccionario, la estratégia de guerra del régimen iraní no tiene como objetivo llamar a la movilización de las masas musulmanas, árabes y no árabes, de la región contra sus propios gobiernos, regímenes políticos y la opresión imperialista, a pesar de que la única posibilidad de victoria es un levantamiento de las masas oprimidas del mundo árabe y musulmán.
La alianza de los trabajadores, de las mujeres, de la juventud, de los campesinos y de los pueblos oprimidos (como los kurdos) de toda la región, en la lucha de clases antiimperialista, es la única alternativa progresista contra la ofensiva de Estados Unidos e Israel, así como contra los intentos de instrumentalización del descontento popular por parte de los distintos campos enemigos.
Trump viene dilapidando su capital político en una guerra que no goza de prestigio interno, y sobre todo sufrió una dura derrota en Minneapolis, donde la movilización de los trabajadores y de la población lo obligó a retroceder en la ofensiva antiinmigrante llevada a cabo por el ICE. Tales condiciones deben ser aprovechadas para que emerja un gran movimiento contra la guerra entre los trabajadores y la población de Estados Unidos. El rechazo a la agresión imperialista es fundamental, pero debe ir acompañado de la consigna de la derrota militar de Trump y Netanyahu, aprovechando la fuerza del movimiento pro-Palestina que atravesó a la juventud y a sectores de la clase trabajadora en 2024. En los países imperialistas europeos, es una tarea de primer orden levantar un poderoso movimiento antiguerra a partir de las fuerzas que se oponen al genocidio en Gaza y enfrentan a la extrema derecha. Macron, Starmer, Merz y Carney dicen que no están en guerra contra Irán, pero Francia ofrece sus buques de guerra, Inglaterra sus bases militares y Alemania su apoyo al belicismo trumpista. En el caso del Estado español, Sánchez dice “No a la guerra”, pero permite que sigan operando bases norteamericanas que son utilizadas para la ofensiva en Irán. Mientras todos los Estados europeos aumentan sus presupuestos militares y refuerzan discursos belicistas. Hay que enfrentarlos de frente, con los métodos que mostraron los portuarios de Génova y por la clase trabajadora italiana, que junto a los estudiantes protagonizaron una huelga general de masas en defensa de Palestina.
Estamos en un momento crucial. Las tendencias hacia las guerras y nuevas crisis económicas aparecen en el horizonte de manera cada vez más pronunciada. Trump representa un intento de “solución de fuerza” para superar el declive hegemónico de Estados Unidos y restaurar su dominio. En un mundo marcado por la rivalidad entre potencias, el militarismo y las tendencias proteccionistas, teniendo el conflicto hegemónico entre EEUU y China como telón de fondo estratégico, los trabajadores y la juventud en todo el mundo deben dotarse de una estrategia propia, anticapitalista y socialista, para detener las catástrofes que preparan nuestros enemigos de clase. En la lucha por la construcción de esa estrategia socialista cobra una especial relevancia recuperar el hilo histórico de la heroica revolución de 1979. La clase obrera iraní, su juventud, sus mujeres, han escrito páginas heroicas y en aquellos años la revolución que comenzó por demandas democráticas y sociales dio a la clase obrera la posibilidad de desarrollar organismos de autodeterminación de masas. La alianza entre el imperialismo y el clero, la represión brutal y la ausencia de una dirección socialista revolucionaria, lograron expropiar una revolución obrera, que fue referencia mundial, convirtiéndola en una contrarrevolución islámica.
Hoy, a pesar del carácter profundamente reaccionario y opresor del régimen iraní, y sin darle ningún apoyo político, consideramos que una derrota de Estados Unidos, del Estado sionista y de sus aliados abriría nuevas posibilidades para los explotados y oprimidos del mundo.
Nosotros/as, que suscribimos esta declaración, también consideramos fundamental que las organizaciones que se reivindican como parte de la izquierda antiimperialista, y especialmente el amplio movimiento pro-Palestina que se ha desarrollado en todo el mundo (que recordó al movimiento contra la guerra en Vietnam en las décadas de 1960 y 1970), conecten las batallas en curso, dirigidas contra los mismos enemigos: luchar por la derrota de Estados Unidos e Israel, exigir el fin de los bombardeos en Líbano y las banderas por la liberación del pueblo palestino.
¡Abajo la guerra imperialista contra Irán! ¡Por la derrota de Estados Unidos e Israel! ¡Por un gran movimiento internacional contra la agresión imperialista, con la clase trabajadora y la juventud al frente! ¡Alto a los bombardeos en el Líbano! ¡Alto al genocidio del pueblo palestino! ¡Por la retirada total de las tropas estadounidenses de la región!
Corriente Revolución Permanente, por la Cuarta Internacional (CRP-CI)
March to Socialism (Corea del Sur)
Corriente Roja – Cuarta Internacional (CR-CI, Estado español)
Rouge (Bélgica)
What is to be Done (Canadá)



![[Declaración] Los trabajadores deben liderar la lucha por la liberación en Irán](https://corrienterojaci.org/wp-content/uploads/2026/01/iranweb.jpg)


