Un balance crítico y autocrítico sobre nuestras posiciones
Presentación
En el marco de la discusión precongresual del XVI Congreso Mundial (XVI CM) de la LIT-CI, algunos compañeros/as presentamos una aportación crítica con las posiciones sostenidas por PSTU-A ante la condena y proscripción de Cristina Fernández de Kirchner (CFK). Por este motivo, en la carpeta que contenía los documentos presentados a la Conferencia Internacional de Corriente Roja se incluyó un texto que ha servido de base para el desarrollo del presente documento, con el título: “ARGENTINA: Sobre la condena e inhabilitación de CFK”.
Sin embargo, ulteriores reflexiones sobre el problema nos han llevado a la conclusión de que el abordaje crítico de la política sostenida por el PSTU-A en el caso de CFK era incomprensible sin partir de un análisis profundo de la política defendida por la principal organización de nuestra internacional, el PSTU de Brasil, así como por el conjunto de la LIT-CI, ante el caso de lawfare contra Dilma Rousseff y Lula en ese país.
Al hilo de esa misma reflexión fuimos viendo que el llamado “lawfare” (o “guerra judicial”), es un instrumento que el imperialismo viene utilizando de un modo cada vez más recurrente a nivel mundial en las últimas décadas, aunque los casos más sonados se hayan centrado especialmente en América Latina.
Esta política del lawfare ha tenido expresiones manifiestas incluso en el Estado Español. Baste recordar como las decisiones del Poder Judicial dieron con el govern catalán en la cárcel; mandaron al exilio a Puigdemont, o inhabilitaron a Oriol Junqueras. Y baste recordar el lawfare contra Podemos, algunas de las causas más sonadas en la guerra jurídica contra la formación morada: desde el supuesto blanqueo de capitales o el Informe P.I.S.A. (policía patriótica) hasta el caso Neurona.
La incomprensión de esta política ha tenido y tiene repercusiones en la LITci, desde Brasil o Argentina, hasta en nuestro propio partido, como mostró nuestro práctico silencio ante la lawfare contra Podemos, de ahí la vigencia del debate.
En este documento presentamos un balance crítico y autocrítico sobre la orientación que nuestra Internacional y nuestro partido en Brasil sostuvimos frente a los acontecimientos que marcaron una divisoria de aguas en la lucha de clases en América Latina. En otro documento volveremos sobre el caso argentino y la proscripción de CFK.
El golpe institucional en Brasil
En 2016, Brasil fue el escenario de un golpe institucional. Esta operación fue orquestada por sectores opuestos al gobierno del PT en el Poder Judicial, el Parlamento, los grandes medios y la burguesía, con el abierto respaldo del imperialismo norteamericano. El objetivo era destituir al gobierno de conciliación de clases de Dilma Rousseff -que aplicaba ataques y ajustes contra los trabajadores- para profundizar una agenda ultraneoliberal. Esta trama, lejos de ser un mero episodio jurídico, es un hecho crucial que explica el posterior ascenso de la ultraderecha y Jair Bolsonaro al poder.
Esta definición, sin embargo, no fue (ni es) la sostenida por el PSTU ni por la LIT-CI. Por el contrario, nuestros compañeros sostuvieron que «El juicio político, las maniobras parlamentarias e incluso la lucha judicial están dentro de las reglas del régimen democrático burgués. No hubo ningún golpe”.1 En virtud de ello, durante la ofensiva reaccionaria de la Operación “Lava Jato” (OLJ), orquestada por el aparato judicial y el imperialismo norteamericano en complicidad con sectores burgueses, el PSTU concentró su discurso en la consigna “¡Fuera todos!”.
Hasta hoy, ni la LIT-CI ni el PSTU hemos realizado un balance serio de esta política, como lo afirman varios de los documentos previos al XVI Congreso de la LIT-CI. Un Congreso que tampoco abordó ni resolvió esta carencia. Al contrario, en sus resoluciones solo se plantean generalidades descriptivas sin ningún tipo de explicación o fundamento político. Aún más, en la Resolución sobre Balance del XVI Congreso, se afirma que es necesario “analizar más profundamente los levantamientos y revoluciones en América Latina en la primera mitad de la década de 2000 y después de 2008 (…) No tanto para hacer un balance de nuestra política en cada uno de estos procesos, aunque eso también sea importante.” (BII 254, p.10).
Como demostrará este documento, la falta de una caracterización correcta del carácter de la OLJ y, consecuentemente, la falta de un programa y una política de independencia de clase, pusieron a prueba al PSTU y a la LIT-CI con resultados catastróficos.
Lo que sigue es producto de una reflexión colectiva de la Fracción Trotskista de Corriente Roja (FT-CR). No solo es un balance crítico de las posiciones de la LIT-CI y el PSTU, sino también una autocrítica de nuestras propias posiciones ante este proceso, la ausencia durante años de un debate profundo sobre Brasil y lo que en los hechos fue una justificación de una política profundamente equivocada, que representa un giro a la derecha y una ruptura con lo mejor de nuestra tradición teórico-política.
Brasil: el gobierno del PT, la ofensiva reaccionaria de la derecha y la política del PSTU y la LIT-CI
El PT, en la administración del Estado durante años, sustentó su gestión en una estrategia de conciliación de clases en beneficio del capital. Frente al agravamiento de la crisis económica mundial, un importante sector de la burguesía vio imprescindible impulsar medidas de ajuste más severas, que el PT no estaba dispuesto o no era capaz de ejecutar. La OLJ, articulada mediante maniobras judiciales lideradas por Sergio Moro, allanó el camino al golpe institucional que culminó con la destitución de Dilma Rousseff el 31 de agosto de 2016. Posteriormente, Lula fue encarcelado en 2018 para impedir su candidatura. Este golpe implicó la transferencia del poder hacia los sectores más reaccionarios y proimperialistas del régimen brasileño. En enero de 2019, el ultraderechista Jair Bolsonaro llegó a la presidencia de Brasil.
Enfrentar el golpe era una tarea de principios. Sin embargo, ni el PSTU ni la LIT-CI tuvimos una política revolucionaria consecuente para enfrentarlo. El eje de nuestra orientación política fue la agitación de la consigna “¡Fuera todos!” y “¡Elecciones generales!”. Mientras la extrema derecha copaba las calles con el apoyo de la patronal y el Departamento de Estado de EE. UU. adiestraba a jueces y fiscales, el PSTU terminó por alinearse, con su propia consigna, al clamor general por la caída del gobierno.
Ante un hecho crucial, en vez de rechazar la arremetida de la extrema derecha manteniendo una posición independiente del PT y denunciando su impotencia para enfrentar el avance de la reacción, consideramos que estábamos “al lado de las masas” descontentas con el gobierno del PT. Por eso, al no establecer una clara delimitación respecto al golpe en marcha, el “¡Fuera todos!” podía ser apropiado -y lo fue- por la base social que más tarde nutriría el ascenso de Bolsonaro.
Aunque los compañeros/as del PSTU niegan haber defendido la destitución, no hay una sola publicación donde se opongan abiertamente a la caída de Dilma. Por el contrario, hay declaraciones de dirigentes, como Zé Maria, que exigían su renuncia inmediatamente después de la votación reaccionaria en la Cámara de Diputados. Esta definición no era otra cosa que avalar el golpe institucional, incluso cuando los diputados golpistas reivindicaban a torturadores de la dictadura, como Bolsonaro al dedicar su voto «a la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra».
La política concreta del PSTU era la misma que levantaba la derecha: «Que se vaya Dilma». En la práctica, se defendió la caída sin importar que fuera obra de la derecha o de fascistas como Bolsonaro, pues se consideraba que ese sería un “primer paso” para “que se vayan todos» y que la caída de un gobierno odiado fortalecía a la clase obrera. ¿Cómo puede fortalecer a la clase trabajadora que su sufragio fuera secuestrado por una banda de diputados derechistas, corruptos y proimperialistas?
El carácter reaccionario y bonapartista de la operación Lava Jato
La OLJ fue un instrumento en beneficio de intereses imperialistas contra un sector de la burguesía brasileña, con el fin de relegitimar el sistema político y avanzar con un plan neoliberal. Los lazos directos del juez Moro con el imperialismo norteamericano y la CIA eran ampliamente conocidos. Sus métodos fueron autoritarios y represivos (delaciones premiadas, prisiones preventivas, escuchas ilegales y filtraciones a la prensa), sirviendo para reforzar al Poder Judicial como árbitro del régimen.
Al no considerar que había un golpe en curso, el PSTU actuó como si la OLJ pudiera ser un instrumento para llevar a cabo una tarea histórica de las masas, olvidando que tal tarea solo puede avanzar con una política de independencia de clase, no de la mano del bonapartismo judicial, la derecha, la patronal y el imperialismo.
Separar los objetivos proimperialistas y los métodos autoritarios de la OLJ del combate contra la corrupción terminó justificando una ofensiva que fortaleció el ala autoritaria del sistema. Levantar la consigna de “Fuera todos” y, peor aún, avalar el impeachment contra Dilma, solo sirvió para actuar como ala izquierda de una maniobra de la reacción que pavimentó el camino del bonapartismo judicial para garantizar el orden burgués.
El problema fundamental de las consignas “Fuera Todos” y “Elecciones Generales”
Como justificación para levantar las consignas “Fuera Todos” y “Elecciones Generales” se planteó que el PT era un gobierno corrupto que aplicaba ajustes, por lo que no había fundamento para apoyarlo, lo cual era cierto. Pero tampoco había ningún motivo para ayudar a la derecha a destituirlo para imponer una agenda aún más reaccionaria. La OLJ fue, justamente, un camino bonapartista para acelerar la llegada de la derecha al poder.
En el contexto de la OLJ, donde la correlación de fuerzas estaba marcada por actos dirigidos por la derecha y no por movilizaciones de masas independientes que derribaran al PT por la izquierda, el “Fuera Todos” fue una política aventurera que se convirtió en el «último eslabón» del “Fuera Dilma”.
En ese momento, el único movimiento real en las calles era el “Fuera Dilma” (y después “¡Fuera Lula!”), liderado por el juez Moro, la derecha y el imperialismo. Al llamar a “que se vayan todos” contra todo el régimen, sin establecer cuál era el campo concreto de enfrentamiento, el PSTU terminó integrando en su programa una política hegemonizada por la derecha. El resultado fue una postura que, pese a su apariencia radical, acabó siendo funcional a la política de la derecha.
No consideramos que eso fuera lo que defendían los compañeros/as del PSTU, ni ninguna de las organizaciones de la LIT-CI que no planteamos ningún cuestionamiento a esta política. Pero en los hechos ese fue el efecto que tuvo esta política en la realidad, colaborando a desarmar a los trabajadores frente a lo que venía.
Respecto a la consigna de “Elecciones Generales”, plantearla en medio de un golpe institucional equivalía a ubicarse en el campo burgués que promovía la salida de Dilma. Tras la destitución (gobierno Temer), el PT y la burocracia de la CUT llamaron a “¡Fuera Temer!” y “¡Directas ya!”, buscando recomponerse electoralmente. No por nada, el régimen golpista hizo todo lo posible por evitarlo y Lula terminó en prisión. Pero el PSTU siguió exigiendo Elecciones Generales, profundizando los errores anteriores y sumando otro de signo opuesto: si antes la consigna jugaba para la derecha, después reforzaba la estrategia electoral del PT, desviando la movilización de las masas. Lo que hacía falta era cuestionar el conjunto del régimen planteando un programa para que las masas interviniesen con una política independiente.
La negación del golpe, la estrechez teórica y la bancarrota política
Hasta hoy, el PSTU considera que no hubo golpe. Para justificarlo, sostuvieron que un golpe solo se produce cuando una disputa de clases dominantes culmina en «un enfrentamiento violento, es decir, armado»2. Esta idea estrecha ignora las múltiples formas de injerencia imperialista, incluyendo los «golpes institucionales» y el lawfare (manipulación del poder judicial con fines políticos). Confundir la ausencia de tanques con la inexistencia de un golpe implica reducir el concepto a su manifestación militar explícita. Tanto Marx como Trotsky demostraron que las formas de bonapartismo y recomposición del poder burgués pueden desarrollarse dentro de los propios marcos institucionales.
Negar el golpe nos llevó a una práctica desastrosa: porque si no había golpe, entonces tampoco había que luchar contra él. Los compañeros/as llegaron a afirmar que “luchar contra un golpe inexistente es una farsa inventada para defender el ‘Dilma se queda’”.3
La lógica de que la caída de Dilma generaría un gobierno más débil fue refutada por la historia. Lo que sucedió fue exactamente lo contrario: el impeachment modificó la correlación de fuerzas a favor de la burguesía y su programa reaccionario.
De la cárcel de Lula al ascenso de Bolsonaro, la profundización de una política funesta
La OLJ continuó con el encarcelamiento de Lula en 2018, buscando proscribirlo. El PSTU avaló esta política que garantizaba la continuidad del golpe, argumentando que la salida era «exigir el encarcelamiento de los otros corruptos, no la impunidad general».
Si bien los compañeros/as señalaron correctamente que “esta justicia está, y siempre ha estado, al servicio de los banqueros y los grandes empresarios”, ¿por qué avalamos que una casta de 11 jueces reaccionarios de la Corte Suprema decidiera a quién podían o no votar millones de trabajadores? Esta posición naturalizó los métodos reaccionarios del autoritarismo judicial. Pero, además, dejó a la burocracia sindical (CUT y PT) como únicos defensores de las libertades democráticas.
El ascenso de Bolsonaro en 2019 fue un producto directo del golpe institucional y la OLJ, gracias a unas elecciones manipuladas por el poder judicial y bajo la tutela de las fuerzas armadas, aprovechando la detención arbitraria de Lula. El propósito fundamental del golpe y la cárcel a Lula fue despejar el terreno para la imposición de un brutal plan de ajuste neoliberal. Todo esto, que se venía preparando desde 2016, es lo que no vimos ni enfrentamos consecuentemente.
¿Qué política revolucionaria habría que haber levantado en Brasil?
Nuestra política fue una adaptación a la derecha y, por omisión, a la burocracia sindical de la CUT, la cual tuvo una «actitud criminal» al subordinarse al PT y no preparar la lucha contra la ofensiva golpista. La orientación correcta debía ser la independencia de clase de los trabajadores. Había dos cuestiones fundamentales a plantear para lograr una movilización independiente:
- Era necesario exigir a la CUT y a las direcciones de masas que rompiesen su subordinación al PT y organizaran un verdadero plan de lucha que denunciara la maniobra del imperialismo y el bonapartismo judicial, enfrentando el impeachment y los ajustes del PT.
- Sentar las bases para imponer, mediante la fuerza de la movilización, la convocatoria a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana (ACLS). Esta era la vía para desmantelar el régimen político, garantizando la elección directa y la revocabilidad de todos los cargos (políticos, judiciales y administrativos), y estableciendo que ningún funcionario tenga un salario mayor que el de un trabajador calificado, que la corrupción debía ser juzgada por jurados populares como expresión directa de la soberanía del pueblo, entre otras medidas.
Este tipo de política hubiera permitido no solo enfrentar de forma independiente la ofensiva golpista, sino también orientar la ruptura con el PT desde un programa anticapitalista y socialista. La ACLS era la salida que evitaba el desvío de la estrategia de «Directas Ya» del PT. Un programa democrático radical que solo puede ser impuesto mediante la lucha de clases, abriendo el camino hacia la conquista de un gobierno de los trabajadores.
La crisis del PSTU y la LIT-CI a la luz de nuestros errores en Brasil
Los errores políticos en Brasil tuvieron consecuencias profundas, cuya expresión principal fue la ruptura del 40% de la militancia del PSTU, sin que hasta hoy hayamos realizado en la LIT-CI un balance serio sobre las causas de esa escisión. Lamentablemente, nuestro análisis y nuestra política no pasaron la prueba que planteaba el surgimiento de una corriente internacional de extrema derecha que encontró en el golpe de Brasil un laboratorio político.
Siguiendo una lógica objetivista y formal, el PSTU decidió “apoyar a las masas” en su oposición al gobierno de Dilma, sin distinguir el carácter de clase de ese movimiento. Así terminó capitulando a la ofensiva golpista, contribuyendo, aunque no lo pretendiera, a la configuración de la correlación de fuerzas que le abrió el camino al ascenso de Bolsonaro.
Esto tuvo un alto costo político como fue la primera gran ruptura dentro de la LIT-CI en muchos años. Aunque en su deriva posterior, los compañeros que rompieron evolucionaron hacia una política oportunista próxima al PT, entre los fundamentos de su ruptura hubo una dura crítica a nuestras posiciones ante el golpe institucional. Como dicen en su manifiesto tras la escisión en julio de 2016, la destitución de Dilma «solo tendría un sentido progresivo si era realizada por la propia clase trabajadora»; si era liderada por la derecha, sería «una salida reaccionaria a la crisis política».
Insólitamente, a una década de los hechos, aún no hay ningún debate ni balance de fondo en nuestra Internacional sobre nuestra política en Brasil ni sobre la ruptura. Corriente Roja tampoco dimos la batalla por examinar críticamente lo que hacíamos. No abordar esto revela el nivel de nacional trotskismo, ceguera política, formalismo y falta de espíritu crítico en los que ha estado sumida nuestra internacional.
Una autocrítica necesaria para cambiar el rumbo
Como hemos venido planteando en todo el texto, abordamos todas las críticas que hacemos como una autocrítica. Ante los hechos descritos, ninguno de nosotros/as salimos a cuestionar la orientación del PSTU. Más aún, tras la ruptura de una importantísima parte del partido brasileño, el compañero Caps viajó al acto de apoyo al Partido que se celebró en Sao Paulo, sin el menor cuestionamiento de lo acontecido.
En una buena parte ese acriticismo absoluto se puede explicar porque los fundamentos políticos, programáticos y teóricos en los que se sustentó toda esa orientación del PSTU eran los mismos que defendíamos nosotros/as. Sin embargo, es difícil entender que no haya ni el menor cuestionamiento cuando se pierde el 40% del partido más importante de la LIT-CI y la crisis brasileña tenía repercusiones directas e inmediatas sobre el propio partido en el estado español.
El XVI Congreso, en su desarrollo, creemos que fue aportando luz a este respecto. En rigor, a caballo de los errores derivados de las bases políticas, teóricas y estratégicas que hemos venido manteniendo, y del proceso de sectarización autoproclamatoria, se fue derivando un curso federativo en la LIT-CI, más exactamente un curso nacional trotskista.
Un hecho de las dimensiones de un golpe institucional como el que estaba ocurriendo en Brasil no despertó ni la menor duda ni el menor debate en nuestro Partido. Mas aún la salida abrupta de los/as cuadros brasileños que militaban en Europa en ese momento, sin consulta al Partido, ni siquiera a la dirección de la LIT-CI, sino por decisión de la dirección del PSTU, debilitó todo el proyecto de construcción europea y el propio proyecto de construcción de Corriente Roja. El propio balance presentado al XVI Congreso así lo reconoce, en forma parcial: “ la crisis que se desencadenó en el PSTU-B obligó a “repatriar” a los/as cuadros brasileños aceleradamente, lo que repercutió de forma directa sobre algunas de las secciones europeas (en especial la española) cuyos planes, además de equivocados en las caracterizaciones, estaban sustentados en un refuerzo de cuadros de la LIT-CI que desfiguraban las fuerzas reales del Partido y los planes en los que nos embarcamos en base a esa falsa percepción(BDI). ¿Cómo se puede desmantelar un proyecto de construcción sin un debate en la Internacional, sin consulta y debate con el Partido antes de “repatriar” los cuadros?
Toda la forma de encarar el debate fraccional contra la FDR y la Tendencia en el XVI Congreso reflejó la misma lógica nacional trotskista. “La guerra fue mundial pero el teatro de operaciones fue Europa”, decía Mariuxa en la Conferencia Internacional de CR para hacer el símil entre la segunda guerra mundial y la batalla internacional en la LIT-CI y el teatro de operaciones brasileño. Ese “teatro de operaciones” llevaba años instalado en Brasil y ha sido la lógica de los Congresos últimos.
Solo esa lógica nacional-trotskista instalada en la LIT-CI explica que en Corriente Roja hayamos considerado los últimos congresos como algo “tedioso”, “insoportable” y se haya convertido en un hábito aceptado que los documentos no fueran ni leídos por la militancia.
Este proceder ha profundizado nuestro centrismo y se manifiesta, aunque no solo, en esta cuestión central y estratégica para un partido revolucionario, la construcción de la Internacional. El no confrontar sobre los hechos centrales de la lucha de clases nuestra política, programa, estrategia y teoría (y el Lawfare es uno de ellos) nos empujó a los bandazos políticos, a la despolitización de la militancia, al seguidismo acrítico del “partido madre” y a las tendencias burocráticas.
Si el carácter internacionalista del Partido y la reconstrucción/refundación de la IVª es nuestra razón de ser, el combate al nacional trotskismo debe ser una obsesión militante. No en vano la deriva nacionalista acompañó a la IVª Internacional desde el asesinato de Trotski. El desigual desarrollo entre los Partidos, sobre todo cuando el tamaño de uno de ellos es muy superior a todos los demás juntos, solo hace que presionar en ese sentido nacionalista.
Lejos de esa reflexión y del combate internacionalista por la IVª, constituir, como ha hecho la actual dirección de CR, una Tendencia en Defensa de la LIT-CI, poniendo el centro en un debate de “régimen” y de “defensa del centralismo democrático”, evitando así poner la política en el puesto de mando, muestra la cerrazón, la falta de reflexión, de espíritu autocrítico y por esa vía en la profundización en una lógica aparatista: internacionalista de palabra y nacional trotskista de hecho.
18 de noviembre de 2025
Fracción Trotskista de Corriente Roja






