Los hechos sucedidos en los últimos años en el mundo con relación a la política de “lawfare” instrumentada por el imperialismo y sectores de diferentes burguesías nacionales, el avance de la extrema derecha y las políticas bonapartistas, han puesto sobre la mesa el debate sobre la defensa de las libertades y los derechos democráticos desde el punto de vista de una política de independencia de clase.
¿Cuáles son las posiciones y las políticas que tenemos los marxistas revolucionarios (trotskistas) en relación a la democracia burguesa? Ante el avance de la extrema derecha, las políticas bonapartistas o incluso el fascismo ¿defendemos las libertades y derechos de la “democracia” capitalista? ¿Cómo? Si la defendemos ¿lo hacemos junto a otras organizaciones y partidos políticos? ¿Con qué políticas y posiciones?
Estas preguntas que pueden parecer elementales, son, sin embargo, de primer orden para nosotros a la luz de nuestros posicionamientos políticos ante los principales hechos de la lucha de clases en los últimos años y, como ya hemos abordado en los dos documentos presentados en este precongreso1, especialmente ante los casos de bonapartismo judicial que tuvieron lugar en Brasil y Argentina.
Para nosotros, los trotskistas, no es lo mismo cualquier tipo de régimen político. En el capitalismo, cualquiera sea su régimen y forma de gobierno (“democracia”, monarquía, fascismo…), el Estado es una forma de dictadura de la burguesía sobre la clase trabajadora, el proletariado. Esto no nos impide distinguir con claridad entre ellos, es decir, entre los diferentes regímenes y formas de gobierno. Tener claridad en esta distinción es fundamental para decidir el contenido táctico de nuestra política desde una perspectiva estratégica revolucionaria. Nuestros maestros nos han dejado una vasta literatura al respecto que nos han formado y armado programáticamente para intervenir correctamente y con independencia de clase que vale la pena revisitar, aunque sea muy sintéticamente. Advertimos que todos los subrayados de las citas son nuestros.
Lenin, por ejemplo, en su famoso libro “El Estado y la Revolución”, observa: “Si Engels dice que bajo la República democrática el Estado sigue siendo ‘lo mismo’ qué bajo la monarquía, «una máquina para la opresión de una clase por otra», esto no significa, en modo alguno, que la forma de opresión sea indiferente para el proletariado, como «enseñan» algunos anarquistas. Una forma de lucha de clases y de opresión de clase más amplia, más libre, más abierta, facilita en proporciones gigantescas la misión del proletariado en la lucha por la destrucción de las clases en general.” 2 (el subrayado es nuestro)
Que sencilla y profunda reflexión contra toda tentativa de hacer abstracciones huecas y vacías, poniendo un signo igual entre la democracia burguesa y el fascismo, una operación típica de la política obtusa y ciega de los ultraizquierdistas que siempre terminan, víctimas de su “enfermedad infantil”3, levantando posiciones oportunistas.
En este sentido, León Trotsky, en su polémica con los “bordiguistas” (por su dirigente italiano Amadeo Bordiga, quien fue expulsado de la Comintern en 1929 acusado de «trotskista»)4 sobre las consignas democráticas, dice lo siguiente: “En caso de que se viole la inmunidad de un diputado comunista y se lo arreste, ¿llamarán a los obreros a protestar por esta violación de nuestros derechos democráticos? Estos doctrinarios se niegan a comprender que realizamos la mitad, las tres cuartas partes, e inclusive, en algunas épocas, el noventa y nueve por ciento del trabajo de preparación de la dictadura sobre la base de la democracia, y así defendemos hasta el último centímetro de terreno democrático que haya bajo nuestros pies. Pero si es lícito defender las posiciones democráticas de la clase obrera, ¿no será lícito combatir por ellas allí donde no existen? La democracia es un arma del capitalismo, nos dicen nuestros críticos; sí, pero es un arma contradictoria, así como el capitalismo en su conjunto es contradictorio. La democracia sirve a la burguesía, pero dentro de ciertos límites también sirve al proletariado contra la burguesía. Lo grave es que los bordiguistas no conciben la democracia y la dictadura del proletariado como instituciones históricas que se pueden remplazar entre sí dialécticamente sino como dos principios puros, uno de los cuales es la encarnación del bien, y el otro la del mal.”5
Lenin y Trotsky, en el marco de la III Internacional, debieron dar respuestas a los problemas que se planteaban en el movimiento revolucionario europeo de principios del siglo XX. Por un lado, estaban los nuevos partidos comunistas y, por otro lado, los reformistas y sus grandes partidos obreros, por su composición social, que dominaban la vida política y los sindicatos. La influencia del parlamentarismo y la democracia burguesa, al interior de la clase obrera y de las masas, era mayoritaria. Es en este contexto que los marxistas debieron responder a los desafíos que representaba la influencia de la democracia burguesa como ideología mayoritaria entre las masas, promovida a su vez por la estatización de las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero, y la defensa de las libertades democráticas frente a los ataques de la reacción desde un punto de vista revolucionario.
Este legado teórico y estratégico es del cual hemos aprendido, y que reivindicamos, de nuestra tradición política, como los consejos de Nahuel Moreno sobre cuál debería ser la política del partido con relación a la defensa de las libertades y los derechos democráticos, y la importancia de esta con relación a la unidad de acción con otras corrientes, al mismo tiempo que nos delimitamos políticamente de las mismas. Así, en un documento de junio de 1969, escrito después del Cordobazo, en el que defendía “La lucha por las libertades democráticas. ¡Por elecciones libres y democráticas! y ¡Por una asamblea constituyente!”, Moreno planteaba que “Las tendencias ultraizquierdistas de nuestro movimiento revolucionario se niegan a defender a fondo las consignas democráticas más generales, especialmente aquellas que son sostenidas por algún sector burgués o por los codovillistas6 (estalinistas). La consigna de elecciones libres o democráticas, como la defensa de los derechos constitucionales, les provocan cosquillas por esa razón. (…) Nosotros creemos justamente que esas tareas y consignas no debemos dejarlas en manos de ninguna corriente burguesa o burocrática. Somos y debemos ser los campeones de la lucha por la libertad de los presos políticos, por la libertad de prensa y reunión, por la defensa de los derechos constitucionales. (…) Esta posible coincidencia con sectores burgueses y pequeño-burgueses alrededor de consignas democráticas, hacen posible la unidad de acción con personalidades y tendencias de esos sectores. Pero entendamos bien, unidad para la acción bien limitada y bien precisa alrededor de esas consignas y no unidad política, ya que la denuncia sistemática de las corrientes burguesas y reformistas en la unidad de acción por las libertades democráticas son tan o más importantes que la unidad para la acción.”7
En la base de esta lógica política está la experiencia de la III Internacional en su época revolucionaria y los combates de Trotsky por construir la IV Internacional tras la degeneración estalinista en las condiciones abiertas por el ascenso del fascismo en la década del 30.
Así, Trotsky articula la lucha por el frente único obrero y por el desarrollo de organismos de frente único de masas (soviets) con consignas democrático-radicales dentro de un programa transicional para luchar por el gobierno de los trabajadores. Una de las mejores formulaciones de esta política se encuentra en “Un programa de acción para Francia”, escrito en 1934 al calor de la radicalización obrera que recorría el país, como una propuesta para influir sobre el Frente Único Obrero que se había planteado entre el Partido Comunista y la SFIO (socialdemócratas). Dice Trotsky: “Somos, pues, firmes partidarios del estado obrero-campesino, que arrancará el poder a los explotadores. Nuestro primordial objetivo es el de ganar para este programa a la mayoría de nuestros aliados de la clase obrera. Entre tanto, y mientras la mayoría de la clase obrera siga apoyándose en las bases de la democracia burguesa, estamos dispuestos a defender tal programa de los violentos ataques de la burguesía bonapartista y fascista. Sin embargo, pedimos a nuestros hermanos de clase que adhieren al socialismo ‘democrático’, que sean fieles a sus ideas: que no se inspiren en las ideas y los métodos de la Tercera República sino en los de la Convención de 1793”.8 Es decir, Trotsky propone defender la democracia burguesa contra los ataques de la propia burguesía y el fascismo, pero no con los métodos parlamentarios, sino con los de la lucha de clases, es decir, el frente único obrero y la unidad de acción con la mayoría de los obreros que aún confiaban en la democracia burguesa y querían defenderla contra el avance del fascismo. Esa era la vía para que en la propia lucha la clase trabajadora construyera, primero defensivamente y después ofensivamente, sus propios organismos de poder, los soviets.
Cuando la degradación de la democracia burguesa en la que vivimos –y las ilusiones que las masas tienen en ella– se ha extendido más que nunca, pero el imperialismo a través de corrientes de derecha y extrema derecha utiliza los propios mecanismos de la democracia para profundizar esa degradación y sus fines reaccionarios, el método defendido por Trotsky tiene plena actualidad.
La defensa de las libertades democráticas y la consecuente agitación de consignas democrático- radicales, como por ejemplo la Asamblea Constituyente, son fundamentales no solo para enfrentar dictaduras militares, sino también para combatir el creciente bonapartismo de los regímenes -incluido el judicial- y las propias ilusiones de las masas en las democracias burguesas.
El objetivo estratégico es horadar la hegemonía burguesa, uniendo la lucha de la clase trabajadora contra sus padecimientos a la lucha contra los ataques antidemocráticos de los regímenes, para desarrollar la movilización independiente de las masas, y que nuestra clase actúe como un sujeto político que hegemonice las demandas del conjunto de la población explotada y oprimida para luchar por el gobierno de los trabajadores y el socialismo.
Sobre las raíces teórico-políticas de nuestros errores en Brasil y Argentina
Frente a la deriva estratégica de nuestra organización brasileña y nuestra internacional, que ante un hecho de magnitud como el golpe institucional en Brasil nos ha llevado a no enfrentarlo y ubicarnos objetivamente en el campo de la reacción y el bonapartismo judicial, cabe preguntarse, ¿Cuáles son las raíces teórico-políticas que sustentan semejante desvío?
Creemos que una de las más importantes es la lógica objetivista que nuestra corriente, siguiendo las teorizaciones de Nahuel Moreno, ha adoptado históricamente. Esto es, considerar metodológicamente que todo proceso que tenga lugar para derrocar un gobierno capitalista puede considerarse un fenómeno progresivo, independientemente de sus objetivos, su base social y sus direcciones políticas, estableciendo una separación formal entre los movimientos políticos concretos y sus direcciones. Por ello no vimos que había ninguna contradicción entre levantar la consigna de “Fuera todos” y que la dirección del proceso que promovía la caída del gobierno por medios institucionales era abiertamente proimperialista y de derecha. Ni tampoco vimos contradicción en adaptarnos a la ofensiva del poder judicial, cuyo objetivo era elevarse como un árbitro bonapartista para defender el orden burgués.
Esta política, aunque consideramos ha dado un nuevo salto ante los acontecimientos de Brasil, ha sido continuidad de una serie de errores que se han expresado en nuestros posicionamientos ante otros procesos agudos de la lucha de clases internacional en las últimas dos décadas. Dicho claramente: al no identificar correctamente ni jerarquizar desde una posición de independencia de clase cuál era el sujeto social que promovía la destitución de Dilma, sus objetivos y su dirección política, en Brasil cometimos los mismos errores políticos, programáticos y estratégicos que tuvimos en los procesos que fueron parte de la Primavera Árabe.
Aunque nuestro balance sobre estos procesos es objeto de otro documento que publicaremos en breve, sintéticamente podemos afirmar que existe un claro paralelismo entre nuestra posición en Brasil y la que tuvimos en Egipto, donde consideramos que el golpe proimperialista comandado por Al-Sisi que reprimió brutalmente y destituyó al gobierno de los Hermanos Musulmanes fue “una inmensa victoria democrática de las masas, que abrió un nuevo capítulo en la revolución egipcia”.9 O en Libia, donde “saludamos efusivamente” la caída de Gadafi diciendo que “estos hechos constituyen, sin lugar a dudas, una tremenda victoria política y militar del pueblo libio y de todo el proceso revolucionario que sacude al mundo árabe… estamos delante de una impresionante victoria de un pueblo que tomó las armas”,10 sin importar que este fue el resultado de la intervención de la OTAN que dirigió política y militarmente al campo rebelde. O en Siria, donde apoyamos el campo del Ejército Libre Sirio, respaldado por los EEUU, porque este era un agente para el avance de la revolución.
Los resultados de esta lógica teórico-política, que considera que cualquier caída de un gobierno capitalista o reaccionario favorece al movimiento de masas, sin importar con qué programa, con qué métodos ni con qué dirección, han sido catastróficos y están en la base de la crisis de nuestra internacional.
Como planteamos en el documento que presentamos en el precongreso internacional, “Sobre el proyecto de construcción de la LIT-CI y la IV Internacional”, en su intento de “actualizar” la teoría de la revolución permanente de Trotsky, Nahuel Moreno llevó a cabo una revisión teórica que dio lugar a una revisión en el plan de la estrategia, abandonando el principio de la independencia de clase. Al caracterizar los procesos de cambio de régimen de una dictadura a una democracia como una “revolución democrática”, sin tener en cuenta ni su dirección ni el sujeto social que la llevaba adelante, la teoría de Moreno terminaba identificando en cualquier proceso que derribase a un gobierno una “revolución” y en cualquier dirección un agente del avance revolucionario. Sin embargo, la deriva de nuestra internacional en las últimas décadas ha incluso derechizado esta teoría, llegando al colmo de celebrar golpes (tanto militares como institucionales) liderados por el imperialismo y la burguesía en Egipto, en Libia… y en Brasil. En este último caso, visto desde la óptica teórica del objetivismo, los métodos de la extrema derecha y el autoritarismo judicial de la Lava Jato fueron entendidos como un agente que favorecía la experiencia de las masas con el PT y la caída del gobierno de Dilma como un avance en la relación de fuerzas. Esta posición consideraba que “estábamos con las masas”, pero en la realidad con quienes estábamos era con la burguesía opositora, el poder judicial y el imperialismo.
18 de noviembre de 2025
Fracción Trotskista de Corriente Roja
1 “El golpe institucional en Brasil y la deriva estratégica del PSTU y la LIT”; y “La defensa de las libertades democráticas y la política del PSTU y la LIT-CI ante la proscripción de CFK”
2 V. I. Lenin, “El Estado y la Revolución. La doctrina marxista y las tareas del proletariado en la revolución”, agosto y setiembre de 1917. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/
3 Alusión al título del libro de Lenin “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo”.
4 Los bordiguistas también fueron conocidos con el nombre de “Fracción de Izquierda Italiana” y como “Grupo Prometeo” (por el nombre de su periódico). Fue el primer grupo italiano que adhirió a la Oposición de Izquierda Internacional, pero su marcado sectarismo los llevó a separarse de ella a fines de 1932.
5 León Trotsky, «Observaciones críticas sobre la resolución de Prometeo acerca de las consignas democráticas», Internationales Biulletin’ der Kommunistischen Links-Opposition, Nº 17, junio de 1932. Disponible en: https://grupgerminal.org/?q=system/files/1932-06-00-prometeo-trosky.pdf
6 Por Vittorio Codovilla, nacido en Italia, naturalizado argentino, dirigente del PCA en ese país. También vivió entre 1932/37 en el estado español, donde participó, entre otras tareas, de la represión contra trotskistas y anarquistas.
7 Nahuel Moreno, “Tesis sobre la situación nacional después de las grandes huelgas generales”. Documento para el V Congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores (La Verdad) – PRT (LV), junio de 1969. P. 5, punto VI.
8 León Trotsky, “Un programa de acción para Francia”, junio de 1934. Disponible en: https://ceip.org.ar/Un-programa-de-accion-para-Francia
9 “La revolución egipcia y las tareas de la izquierda”, 22/03/2014. Disponible en: https://litci.org/es/la- revolucion-egipcia-y-las-tareas-de-la-izquierda/
10 “El pueblo en armas está destruyendo el régimen de Gadafi”, 25/08/2011. Disponible en: https://litci.org/es/iel-pueblo-en-armas-esta-destruyendo-el-regimen-de-gadafi/?utm_source=copylink&utm_medium=browser






