En respuesta al BDI5 del Congreso Extraordinario de Corriente Roja: “SOBRE LA PROPUESTA DE CONGRESO ASAMBLEARIO DE ALGUNOS COMPAÑEROS.”
Queremos dar respuesta a los/as compañeros/as firmantes de este boletín sobre la propuesta de los núcleos de Rivas, Sindical I y Sindical II de CR Madrid, del frente de Galicia y la dirección de Madrid, en relación a la celebración del Congreso Extraordinario del partido a finales de enero 2026.
En primer lugar, queremos expresar nuestra disconformidad, tanto en el contenido como en las formas en las que se refieren hacia los/as compañeros/as de esos núcleos y miembros de las direcciones de Frente.
Citamos a continuación la carta del BDI5 sobre un Congreso asambleario a toda la militancia debido a la importancia de la coyuntura que estamos viviendo en CR.
“La excepcionalidad del congreso no justifica el asalto de nuestros principios, llevamos años intentando construir un partido revolucionario centralista democrático, repitiendo que hay que preparar al partido para los momentos difíciles y que el régimen no se improvisa. Y, sin embargo, justo cuando aparece una disputa fraccional en nuestro seno, se propone dilapidar nuestro máximo organismo de dirección, ¡que es nuestra mayor garantía democrática!”
Efectivamente, la excepcionalidad de este Congreso Extraordinario requiere de tales medidas para toda la militancia del partido. El centralismo democrático no es un dogma de fe, es una herramienta de la que se dota un partido revolucionario según las características concretas y el debate político al respecto.
El centralismo no puede desdibujar a la democracia en ningún caso y más cuando el Comité Estatal del partido crea una tendencia para desviar el debate político a una pelea con la fracción -una tendencia no se crea contra una fracción, sino para ayudar a la construcción de la política partidaria-. El Comité Estatal no representa al partido en su conjunto, representa a sus adherentes, como ya se ha reflejado en todos los organismos internos de los que nos dotamos.
Citamos a Trotsky en “la carta dirigida al radio de Krasnaya Presnia, diciembre 1923”.
“En los debates y artículos de estos últimos tiempos se ha señalado que la democracia “pura”, “completa”, “ideal”, es irrealizable y que para nosotros no es un fin en sí misma. Esto es incontestable. Pero con la misma razón se puede afirmar que el centralismo puro, absoluto, es irrealizable e incompatible con la naturaleza de un partido de masas y que no puede, menos que el aparato del partido, representar un fin en sí mismo. La democracia y el centralismo son dos caras de la organización del partido. Se trata de acordarlos entre ellos de la forma más justa, es decir de la forma que mejor corresponda a la situación. Durante el último período, el equilibrio se había roto en beneficio del aparato. La iniciativa del partido estaba reducida al mínimo. De ahí los hábitos y procedimientos de dirección en contradicción fundamental con el espíritu de la organización revolucionaria del proletariado. La centralización excesiva del aparato, a costa de la iniciativa, engendraba un malestar, malestar que en los extremos del partido revestía una forma extremadamente mórbida y se traducía, entre otras cosas, en la aparición de agrupamientos ilegales dirigidos por elementos indudablemente hostiles al comunismo.”
El centralismo y la democracia, como afirma Trotsky se debe acordar de la forma más justa a la situación. Por ello, reivindicamos la propuesta de un Congreso extraordinario abierto a la militancia, por la importancia del debate político y de régimen respecto al partido.
Tras la Conferencia del partido y el Congreso Mundial, estamos siendo testigos de como el centralismo democrático está siendo usado como un fin en si mismo por los mismos que tras una Conferencia en la que el centralismo democrático, además del debate político, estuvo presente con resoluciones aprobadas por amplia mayoría, pero que en última instancia no fueron determinantes para l@s delegad@s del Congreso Internacional. Se nos dice una y otra vez que los/as delegados/as no van con mandato de voto, es algo que respetamos, pero al mismo tiempo debemos exigir claridad respecto al fundamento político de sus cambios, más aún cuando rompen con la decisión colectiva tomada en el organismo para ello. De lo contrario, ¿para qué reunir núcleos y organizar una Conferencia?
Mencionando de nuevo a Trotsky, afirmamos que los hábitos y procedimientos de la dirección están en contradicción con el espíritu de la organización revolucionaria de la clase obrera, debido a la enorme brecha entre la dirección de Corriente Roja y la militancia que se está poniendo de manifiesto de manera cada vez más aguda y distanciándose de las propias bases.
Venimos un tiempo reiterándonos (lo pusimos de manifiesto en la propia Conferencia) en que la militancia del partido no disponemos de la teoría revolucionaria ni del conocimiento histórico de la propia LIT-CI. Muchas veces tanto dirección y algunos cuadros del partido han justificado sus debilidades por el mismo reconocimiento de estos hechos. Y una de las grandes consecuencias que está viviendo el conjunto de CR a día de hoy es la existencia misma de una tendencia y una fracción, hechos que nunca habían ocurrido desde la conformación del partido. No podemos por esto negar la participación de toda la militancia en un proceso de crecimiento político como el que se nos presenta.
Mencionado a Trotsky de nuevo “la carta dirigida al radio de Krasnaya Presnia, diciembre 1923.”
“El burocratismo mata la iniciativa y obstaculiza así la elevación del nivel general del partido. Esta es su defecto capital. Como el aparato está constituido, inevitablemente, por los camaradas más experimentados y meritorios, el burocratismo tiene su más penosa repercusión sobre la formación política de las jóvenes generaciones comunistas “
Sin embargo, se considera que plantear un “congreso asambleario sería profundamente antidemocrático” e incluso se explica como fruto de presiones pequeño burguesas. Pues al contrario, creemos que es una ocasión extraordinaria de preparar a la militancia para el momento histórico que vivimos como clase obrera. A los/as compañeros/as que formamos parte de los núcleos sindicales, donde además nuestra militancia se basa en intervenir día a día con nuestra clase para politizar desde lo más concreto hasta lo más abstracto, nos cuesta entender cómo se nos acusa de tales presiones, que aprovechamos para denunciar más como propaganda para justificar “el centralismo democrático” que como argumento político para defenderlo.
Los métodos democráticos de la clase obrera deben ser herramientas que cumplan con las necesidades y expectativas en momentos concretos, no fines en si mismos, al igual que un partido revolucionario. ¿Una asamblea obrera en una fábrica no es democrática? Cuando denunciamos que las burocracias sindicales toman las decisiones sin consultar con los/as trabajadores/as es uno de los principales argumentos en los que nos fundamentamos: Las decisiones se toman en asambleas obreras.
Simplificar y caricaturizar nuestra propuesta comparándonos con ser víctimas de la ideología burguesa, como si de esquiroles o mujeres maltratadas se tratase, tiene un nombre: Falacia del hombre de paja. Y las falacias no son criterios políticos, son utilizadas para confundir o engañar en tus argumentos y manipular las opiniones de los/as camaradas. No vamos a caer en la utilización de esas prácticas, se las cedemos completamente a los/as políticos profesionales, nosotros/as somos revolucionarios profesionales.
En 1923, a Trotsky le llamaron hereje por cuestionar el centralismo democrático, hoy nos llamáis pequeño-burgueses.
“Antes de la publicación de la decisión del CC sobre la nueva orientación, el simple hecho de señalar la necesidad de una modificación del régimen interno del partido era considerado por los funcionarios encargados como una herejía, como una manifestación del espíritu de escisión, como un atentado a la disciplina.”
Por último, se afirma lo siguiente en el BDI5:
”Un congreso asambleario conlleva inevitablemente que los sectores más precarios y oprimidos se queden fuera. Eso es todo lo contrario a la democracia obrera.”
Somos conscientes de las dificultades de nuestra clase, no somos ajenas a los problemas cotidianos ni estructurales de los/as compañeros/as que sufren las condiciones más precarias, lo vivimos cada día no solo porque nuestra militancia consiste en ello, sino porque nos atraviesa como clase, somos parte no espectadores/as.
Entendemos que los/as compañeros/as con esas condiciones materiales de existencia no tenemos las mismas oportunidades de leer, estudiar o escribir y por eso, en este momento consideramos imprescindible democratizar el conocimiento y posibilitar la participación, al mismo tiempo que denunciamos como un criterio clasista el excluir a los/as militantes más precarios/as de nuestro partido, sólo por no tener los mismos recursos intelectuales o materiales que “los cuadros”.
Creemos que lo que debe hacer un partido revolucionario es garantizar las condiciones materiales y técnicas para que del primer al último/a militante de CR tenga la oportunidad de asistir a un Congreso Extraordinario de estas características y pueda participar en condiciones de pleno derecho como cualquier otro/a camarada. No deja de resultarnos paradójico que los mismos que defienden que las garantías democráticas de cada militante están aseguradas durante el debate en el pre congreso sean los que defienden el derecho de los camaradas delegados/as a cambiar de opinión. Nosotras también reconocemos el congreso, además de como máximo organismo de decisión, como un organismo vivo y reactivo al debate político, por eso no deja de sorprendernos que nuestro llamado a la participación de toda la militancia se tilde de presión pequeño burguesa o de “caer en la misma lógica que la democracia burguesa”.
Uno de los grandes errores que se llevan cometiendo en CR desde hace mucho tiempo es la distancia entre sus “cuadros dirigentes” y la militancia de base. Debemos dotarnos de las herramientas para combatir en el seno de un partido revolucionario de 80 militantes, criterios que se fundamentan en sistemas sociales jerarquizados donde sólo pueden tener acceso al conocimiento unas “élites intelectuales”.
“El respeto a la tradición es, sin lugar a dudas, un elemento necesario de la formación comunista y la cohesión del partido, pero no puede constituir un factor vital más que si se nutre y fortalece constantemente mediante un activo control de esa tradición, es decir mediante la elaboración colectiva de la política del partido para el momento presente. Si no, corre el riesgo de degenerar en sentimiento puramente oficial, en no ser más que una forma sin contenido. Tal lazo entre generaciones es, evidentemente, insuficiente y muy frágil. Puede parecer sólido hasta el momento en el que uno se da cuenta de que está a punto de romperse. Precisamente en eso radica la política de la “calma” en el partido.” Trotsky.
Firmado:
Olivia Blanco (Núcleo Sindical II)
Andrea Zayas (Núcleo Sindical II)
Pilar León (Núcleo Sindical II)
Alba Cortés (Frente de Galicia)






