Quiénes somos?
Somos trabajadoras y trabajadores de la educación, la sanidad, la administración pública, el sector social, el comercio, el transporte, la jardinería, la hostelería, pensionistas que durante años trabajaron en la industria, el transporte o la construcción y el sindicalismo combativo; somos jóvenes precarias y precarios, repartidores, migrantes con y sin papeles; estudiantes de universidades, institutos y centros de formación profesional; militantes feministas, antirracistas, ecologistas, del movimiento por la vivienda, por Palestina y contra el militarismo y la guerra imperialista. Militamos en nuestros centros de trabajo y de estudio, en los barrios obreros y populares de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Girona, Málaga, Vigo y otros territorios.
Somos las y los militantes de la Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores (CRT), sección en el Estado español de la Corriente Revolución Permanente – Cuarta Internacional (CRP-CI). Y somos las y los militantes de Corriente Roja – Cuarta Internacional (CR-IV), constituida tras la ruptura de cerca de la mitad de Corriente Roja -entonces sección en el Estado español de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI)-. En base a acuerdos estratégicos y programáticos profundos, forjados al calor de lecciones comunes de los grandes hechos de la política y la lucha de clases internacional, así como de la intervención conjunta en la lucha de clases y de un balance del último ciclo político en el Estado español, ambas organizaciones hemos confluido en el llamamiento a construir un Movimiento por una Internacional de la Revolución Socialista – Cuarta Internacional (MIRS-CI) impulsado por la CRP-CI y otras organizaciones, y en la formación de un Comité Conjunto para avanzar en una fusión de nuestras organizaciones.
Algunos y algunas de nosotras y nosotros llevamos militando varias décadas en el trotskismo del Estado español: contamos con la experiencia de las huelgas del final del franquismo y la lucha contra la Transición pactada; del referéndum contra la integración en la OTAN; el movimiento antiglobalización; las movilizaciones contra la Guerra de Irak; la Ley de Extranjería; las luchas estudiantiles contra la LOU y el Plan Bolonia; de las huelgas y luchas obreras contra la reconversión industrial y los EREs en los años 80 y 90, como la gran huelga de 1990 de los/as trabajadores/as de la EMT que triunfó después de dejar Madrid durante 22 días sin un solo autobús; del combate por la memoria de nuestra compañera Yolanda González, asesinada por los fascistas en la Transición. Otras pertenecemos a la generación politizada por la crisis de 2008, el 15M, las huelgas generales contra los ajustes, las reformas laborales y la lucha contra el pensionazo de Zapatero, que elevó la edad de jubilación a los 67 años, o el 0,25 de Rajoy que desencadenó la enorme protesta que estuvo en la base de su caída y que las/os pensionistas mantuvieron por la equiparación de la pensión mínima al SMI o en apoyo de las luchas de la sanidad, la educación o las interinas/os; grandes batallas de clase como la lucha contra los EREs frente a la multinacional norteamericana UPS en Vallekas, la huelga de limpieza pública viaria y jardinería en Madrid en el 2013, las luchas de Panrico y Coca Cola contra los despidos, la lucha de la juventud trabajadora de Telepizza contra los salarios de miseria y la precariedad; del combate contra el neorreformismo de Podemos; del movimiento por la autodeterminación catalana y el 1-O, las huelgas feministas del 8M, el levantamiento global por Palestina, la lucha por la educación, la sanidad, la vivienda y la pelea contra la guerra imperialista y el rearme militar de la UE y el gobierno “progresista”.
Somos militantes internacionalistas que reivindicamos la lucha por la revolución internacional y la actualidad estratégica del trotskismo como continuidad revolucionaria del marxismo en nuestra época. Estamos convencidas/os de la urgencia de construir juntas y juntos una nueva organización socialista revolucionaria, enraizada en la clase trabajadora, la juventud, las mujeres y las disidencias del Estado español, capaz de estar a la altura de los desafíos de una época marcada por las guerras imperialistas, la crisis capitalista, la crisis climática y ecológica, el ascenso de la extrema derecha y nuevas oleadas de la lucha de clases en todo el mundo. Por eso hacemos pública con esta declaración nuestra voluntad común de avanzar en una fusión revolucionaria que sea muy superior a la suma de nuestras fuerzas actuales, que impulse un proceso constituyente para fundar una nueva organización socialista revolucionaria en el Estado español. Lo hacemos convencidos/as de que el período abierto exige poner nuestro proyecto político común a la ofensiva, de cara a la vanguardia obrera y juvenil, para sentar las bases de un instrumento político revolucionario que pueda jugar un papel decisivo en los combates que se avecinan.
1. La situación internacional y el internacionalismo
Vivimos un período de reactualización de las tendencias profundas de la época imperialista, que el marxismo clásico identificó a comienzos del siglo XX: las tendencias a las crisis, las guerras y también la revolución. Las tendencias a la crisis en múltiples planos, desde la crisis capitalista abierta en 2008 que no se ha cerrado: al contrario, se han acelerado. La competencia estratégica entre Estados Unidos y China estructura un nuevo escenario de disputa interimperialista en el que se quiebran las viejas instituciones del orden liberal y pasan a un primer plano el militarismo, el proteccionismo, el nacionalismo económico y el enfrentamiento entre potencias imperialistas. El retorno de Trump a la Casa Blanca es a la vez síntoma y acelerador de esta dinámica de fractura del orden mundial.
En ese marco, denunciamos la complicidad de las potencias imperialistas con el genocidio del Estado sionista de Israel contra el pueblo palestino y la guerra en el Líbano, la guerra de agresión imperialista contra Irán, la guerra de Ucrania -donde rechazamos por igual la invasión reaccionaria del régimen de Putin y el rol de la OTAN, que utiliza al pueblo ucraniano como peón de su disputa con Rusia-, la imposición de un régimen neocolonial en Venezuela -con la complicidad de la burocracia chavista-, así como la nueva ofensiva imperialista de Estados Unidos contra Cuba.
La derrota de Trump y de Estados Unidos en la guerra de Irán tiene enormes consecuencias a escala global y acelera el declive de la hegemonía estadounidense. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha puesto en evidencia los límites de la política de Trump y del conjunto del imperialismo occidental. Pese a una manifiesta desproporción militar, Estados Unidos no ha logrado ninguno de los objetivos con los que entró a la guerra. Irán ha conseguido hacer del estrecho de Ormuz una posición estratégica para humillar al imperialismo y sostener la resistencia frente a la agresión. Una situación sin precedentes deja al descubierto las contradicciones y fragilidades de la mayor potencia militar del planeta.
Ante este escenario, reivindicamos la posición histórica del marxismo revolucionario: la defensa incondicional de los pueblos y naciones agredidas por el imperialismo, ubicándonos en su campo militar ante las agresiones y bregando por la derrota del imperialismo, sin otorgar el menor apoyo político a sus regímenes burgueses, autoritarios o teocráticos, como ya señalamos frente a la agresión de EEUU a Venezuela o el cerco a Cuba y reiteramos frente al régimen de los Ayatolah en Irán. A su vez, rechazamos tanto el campismo neoestalinista que presenta a China o Rusia como potencias benévolas frente a Washington -como si la disputa interimperialista fuera una herramienta de emancipación- como el campismo occidentalista que disfraza el alineamiento con la OTAN bajo banderas humanitarias. Rechazamos también las propuestas “europeístas” de reforzar un bloque militar sin EEUU como si fuera más progresista, cuando en realidad solo busca defender sus intereses imperialistas ante el eventual abandono del “protector”. Nuestro campo es el de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos del mundo entero.
La guerra y las tensiones interimperialistas, en particular la guerra de Ucrania, han sido la excusa perfecta para avanzar en un proceso de militarización y rearme imperialista de Europa. El Consejo Europeo ha aprobado un plan histórico de rearme que se propone destinar 800.000 millones de euros a la militarización del continente con el respaldo entusiasta de todos los gobiernos europeos, incluido el español. Mientras el servicio militar vuelve a implantarse en varios países, los Estados europeos se arman hasta los dientes para hacer valer sus intereses imperialistas.
A este escenario se suma la crisis climática y ecológica, que no es un accidente externo al capitalismo sino expresión de su lógica más profunda: la producción orientada a la ganancia privada y la competencia imperialista que agota los bienes comunes, devasta ecosistemas y saquea los territorios, que engendra con sequías, incendios e inundaciones -como la DANA de Valencia- que golpean primero a la clase trabajadora y los sectores populares. La destrucción de ecosistemas, el extractivismo, la contaminación, la crisis hídrica, la pérdida de biodiversidad y el calentamiento global expresan una misma contradicción histórica: el capital necesita expandirse indefinidamente en un planeta finito. Frente al capitalismo verde y al ecologismo liberal que prometen una transición «limpia» sin tocar la propiedad privada ni la ganancia empresarial, defendemos una planificación obrera y socialista de la producción, el transporte y la energía bajo control de las y los trabajadores.
En este mundo convulso, emergen también nuevos procesos de lucha de clases. La rebelión en Bolivia durante más de 50 días mostró una enorme subjetividad de lucha y radicalidad, con cortes de carretera y autoconvocados. Los aumentos del combustible, ataques contra el campesinado y los agravios racistas contra las comunidades indígenas llevaron al estallido. Incapaz de reprimir directamente por temor a un levantamiento nacional, el gobierno apostó al desgaste, con la colaboración de la burocracia de la COB, y la represión selectiva para dividir y aislar a los sectores más combativos. En este marco, la pelea por desarrollar la autoorganización, la coordinación y por hacer efectiva la huelga general se mostró una cuestión estratégica.
El genocidio contra el pueblo palestino continúa. Las grandes potencias occidentales, que se presentan cínicamente como defensoras del “derecho internacional”, siguen respaldando política, económica y militarmente la masacre perpetrada por el Estado de Israel. Así lo demuestra también la complicidad de los estados europeos con el ataque a la Global Sumud Flotilla y el secuestro ilegal, el maltrato y la tortura de cientos de activistas, por parte de la armada israelí, entre ellos Saif Abukeshek y Thiago Ávila., coordinadores internacionales de la Flotilla. El reconocimiento tardío e hipócrita de un Estado palestino por parte de distintos gobiernos, como el español, no puede borrar su complicidad activa con un genocidio que continúa con bombardeos sobre Gaza, el avance de la colonización en Cisjordania o la agresión militar contra el Líbano. La solución de los “dos estados” es la vía por la cual los gobiernos imperialistas tratan de salvar su imagen y asegurar la pervivencia de la entidad sionista.
Frente a la ofensiva imperialista reaccionaria encabezada por Trump y Netanyahu -con el apoyo de ultraderechistas como Milei, Farage o la AfD-, que combina militarismo, genocidio, racismo, antifeminismo, persecución a las migrantes y el colectivo lgtbi, oponemos el internacionalismo proletario como cuestión estratégica y no como principio abstracto. Ante quienes desde sectores reformistas o neorreformistas presentan la apuesta por una mayor “autonomía estratégica” de la Unión Europea como una alternativa al alineamiento atlántico, sostenemos que se trata simplemente de una variante imperialista del mismo proyecto: una Europa imperialista capaz de competir con sus rivales en el reparto del mundo.
La misma Europa que al mismo tiempo que saquea a los pueblos semicoloniales del mundo sembrando miseria y desesperación, promueve la guerra contra nuestros hermanos y hermanas de clase migrantes con políticas reaccionarias como el “Pacto Europeo sobre Migración y Asilo”. Estos pactos de la vergüenza caen sobre décadas de saqueo imperialista del continente africano, deportaciones, cárceles para migrantes, fronteras y rutas migratorias asesinas. Es el rostro de la Europa de Frontex, los CIEs y las multinacionales expoliadoras. El imperialismo que ha convertido el Mediterráneo en la fosa común de miles de migrantes. La única alternativa de fondo es la lucha por una Europa socialista y de las y los trabajadores, contra el rearme, la guerra, el racismo y la explotación.
Esta perspectiva se nutre de los procesos vivos de la lucha de clases internacional: el movimiento “blocchiamo tutto” en Italia, la rebelión obrera y popular en Bolivia que enfrenta el gasolinazo y ahora el estado de sitio del gobierno de Rodrigo Paz, la resistencia juvenil y obrera migrante contra el ICE y el racismo de Trump en Estados Unidos, la lucha contra la Reforma Laboral antiobrera de Milei en Argentina, el movimiento de solidaridad con Palestina en el conjunto del planeta y la Global Sumud Flotilla, de la cual formamos parte con una delegación conformada por Leandro Lanfredi, trabajador petrolero del MRT de Brasil, Lara Salerno, médica del PTS de Argentina y Mariona Tasquer, estudiante universitaria de la CRT.
Somos parte del movimiento internacionalista que organizó flotillas, hizo acampadas y movilizaciones en todo el mundo contra el genocidio sionista desde una posición independiente de todos los gobiernos capitalistas, así como de los regímenes y direcciones reaccionarias de las burguesías árabes. Es necesario impulsar un movimiento internacionalista de independencia de clase que conecte las luchas de los pueblos atacados por el imperialismo con las de los trabajadores de los países imperialistas, que una la lucha contra el genocidio en Palestina con la batalla contra el ICE en Estados Unidos en defensa de los y las migrantes, las huelgas en Europa con las luchas antiimperialistas en el occidente asiático, en África, en Latinoamérica. El mismo espíritu que logró la derrota del imperialismo estadounidense en Vietnam o movilizó a millones contra la Guerra de Iraq en 2003, hoy con más fuerza y con la clase trabajadora en el centro con sus métodos de lucha. Esa es la vía para derrotar la ofensiva del imperialismo contra los pueblos del mundo.
Es desde esta perspectiva internacionalista que nuestras organizaciones, junto con la Corriente Revolución Permanente – Cuarta Internacional (CRP-CI), March to Socialism de Corea del Sur, el grupo Rouge de Bélgica y What is to be done de Canadá, hemos lanzado el llamamiento a construir un Movimiento por una Internacional de la Revolución Socialista–Cuarta Internacional (MIRS-CI), convencidos/as de que el combate por una nueva internacional revolucionaria es la principal tarea que tenemos hoy las y los revolucionarios del mundo.
2. La “restauración progresista” del régimen y la situación política del Estado español
El Régimen del 78, surgido de la Transición pactada entre los herederos del franquismo y las direcciones reformistas del PCE y el PSOE, con el concurso de las burocracias sindicales, fue durante décadas una empresa exitosa para el imperialismo español. Supuso un desvío al importante ascenso obrero germinado desde los 60 y que eclosionó tras la muerte de Franco, evitando que se pudiera desarrollar una situación revolucionaria abierta. Está restauración del Estado en crisis, que hemos definido como una “contrarrevolución democrática”, permitió descargar la crisis de los años setenta sobre la clase obrera, integrar al Estado español en la OTAN y la Unión Europea, desmantelar la industria, generalizar la precariedad laboral y desviar la cuestión nacional mediante el Estado de las autonomías. La crisis capitalista de 2008 hizo entrar en barrena ese edificio, abriendo desde 2010 y la Huelga General contra el gobierno Zapatero una profunda crisis orgánica que tuvo en el 15M, en las huelgas generales contra la Reforma Laboral de Rajoy, la huelga minera y, sobre todo, en el movimiento democrático catalán por el derecho a la autodeterminación, sus expresiones más agudas.
Esa crisis fue contenida mediante una combinación de represión -desplegada con el apoyo de la Ley Mordaza y singularmente contra el pueblo catalán a partir del 1 de octubre de 2017, con la aplicación del 155, los encarcelamientos y el exilio- y de desvío institucional, encarnado en lo que hemos definido como una “restauración progresista” del Régimen, gestionada por Unidas Podemos primero y por Sumar después en coalición con el PSOE, con el apoyo y pasividad de las direcciones burocráticas de CCOO y UGT. Lejos de superar el Régimen del 78, esta operación lo ha rehabilitado: ha consolidado la operación restauradora de la Corona en torno a Felipe VI; cerró con la colaboración de las direcciones procesistas la lucha por la autodeterminación del pueblo catalán; ha mantenido y reforzado la judicatura reaccionaria; ha conservado la Ley Mordaza, ha aprobado la nueva Mordaza Digital y ha revalidado las Leyes de Extranjería; ha sostenido la represión y las devoluciones en caliente, con la masacre de Melilla y el despliegue del Ejército en Ceuta como expresiones sangrientas del racismo de Estado; ha aumentado el gasto militar en un 50% y ha colocado al gobierno “más progresista de la historia” a la cabeza del rearme imperialista, mientras mantiene el comercio de armas con el Estado sionista. Pedro Sánchez asumió en 2023 la presidencia rotativa del Consejo de la UE como firme defensor de las políticas guerreristas y atlantistas; mientras tanto, la reforma laboral encabezada por Yolanda Díaz, revalidó las contrarreformas anteriores del PSOE y PP y la subida de la edad de jubilación a los 67 años aprobada por Zapatero.
Hoy Pedro Sánchez quiere presentarse como líder mundial del progresismo y hasta como representante de la lucha contra la guerra, como manifestó cuando Trump amenazó con un bloqueo comercial si se le impedía usar las bases de Rota y Morón, verdaderos enclaves al servicio de operaciones imperialistas en suelo español. Sin embargo, su «No a la guerra» es retórica para encubrir los intereses del imperialismo español, mientras sigue aumentando los presupuestos militaristas. Por ello, la clase trabajadora debe hacer suyas las consignas de los marxistas internacionalistas de principios del siglo XX: «¡Guerra a la guerra: el enemigo está en casa!». En esa dirección apunta la iniciativa «Trabajador@s contra la guerra. ¡Ni un euro para el rearme!», impulsada por el sindicato co.bas, por la cual más de un centenar de delegados y delegadas del Ayuntamiento de Madrid, logística, sanidad, educación, servicios sociales, jardinería; así como activistas de colectivos pensionistas, etc. llaman a construir con urgencia un movimiento antiimperialista de independencia de clase en todo el Estado, o la campaña “Tombem el rearmament” impulsada por la Global Sumud Flotilla de Catalunya junto a más de 50 organizaciones.
La situación social de la clase trabajadora y los sectores populares es la contraparte de este blindaje del régimen. La crisis de la vivienda alcanza proporciones inéditas: los alquileres y las hipotecas han subido alrededor de un 50% desde 2019, la mayoría de las y los jóvenes no pueden pagar un alquiler, los desahucios continúan ininterrumpidamente y los fondos buitre acumulan inmuebles con la complicidad de los gobiernos centrales y autonómicos. La caída del poder adquisitivo de los salarios, según la OCDE, se sitúa en torno al 8% desde 2019 -y un 10% de salario perdido de media en el bolsillo de la clase trabajadora- mientras la mitad de los inquilinos están en riesgo de pobreza según el propio Banco de España. Todo ello contrasta con los beneficios milmillonarios del IBEX35, la banca, las eléctricas y las grandes cadenas distribuidoras. Los servicios públicos, sanidad y educación, sufren un deterioro sostenido. Las mujeres trabajadoras siguen padeciendo la violencia machista, la desigualdad salarial y la doble carga de la división sexual del trabajo, mientras el feminismo ministerial ha actuado como factor de pasivización y recambio liberal y punitivista del movimiento.
Los escalones más precarizados de la clase trabajadora sobre-representan a las personas migrantes, desde el agroalimentario, los cuidados o servicios. Una mano de obra doblemente empobrecida y sometida al chantaje de los papeles, al tiempo que las regularizaciones -conquistadas a través de largas campañas- llega con cuentagotas. Toda una parte de la clase trabajadora a la que la extrema derecha quiere marginar de los servicios públicos con la “prioridad nacional” y convertir en chivo expiatorio de la rabia por la degradación de las condiciones de vida, con un camino despejado por el racismo institucional del “progresismo”.
Sobre este caldo de cultivo crece Vox, representante nacional de la Internacional Reaccionaria, o Aliança Catalana, expresión racista y retrógrada de la crisis del procesismo, junto con un activismo de extrema derecha que combina nostalgia franquista, racismo y ataques al movimiento independentista. Frente a la trampa del “mal menor” que el neorreformismo agita para disciplinar a la izquierda, sostenemos que el “progresismo” imperialista es justamente lo que abre paso a la derecha y la extrema derecha.
Sin embargo, la clase trabajadora no está pasiva ante esta situación. Como decíamos en una declaración ante el 1º de Mayo, en Catalunya, las trabajadoras de la educación en unidad con todos los sectores protagonizan una lucha histórica con huelgas y manifestaciones masivas, al igual que en el País Valencià o Aragón, denunciando que sufren entre un 20 y un 25% de pérdida de poder adquisitivo, ratios insostenibles, personal externalizado al borde del SMI. En Madrid, las trabajadoras de escuelas infantiles de 0 a 3 años están en huelga indefinida por primera vez en la historia del sector, denunciando salarios que rozan el SMI, ratios abusivas, ausencia de regulación estatal y un modelo entregado a empresas privadas. En la Bahía de Cádiz, Manuel Balber y Jesús Galván resistieron más de dos semanas encaramados a una grúa de Navantia San Fernando denunciando listas negras por su actividad sindical. La lucha por la sanidad está en ebullición en todo el estado. Euskal Herria sigue siendo el epicentro de numerosos conflictos obreros y por todo el Estado estamos viendo un aumento de conflictos en torno a la negociación colectiva o enfrentamiento a EREs y despidos. Se hace urgente unificar todas estas luchas y coordinarlas en la perspectiva de construir una huelga unitaria en educación, sanidad, el sector social y todos los conflictos en curso.
3. Balance del último ciclo político: la bancarrota del neorreformismo
El balance del último ciclo es taxativo. El neorreformismo encarnado en Podemos, Izquierda Unida, las “mareas” municipalistas y, más recientemente, Sumar, ha cumplido una función orgánica: la de transformarse en una mediación de izquierda del Estado capitalista español para evitar que la indignación de las plazas, las huelgas contra los ajustes post 2008 y la lucha por la autodeterminación catalana derivasen en un cuestionamiento de fondo del régimen.
Con todas sus potencialidades y límites, el ciclo abierto por el 15M en 2011 terminó cerrado en clave de restauración ante la falta de una alternativa política de independencia de clase. El surgimiento de Podemos -expresión vernácula de un fenómeno neorreformista internacional- canalizó el malestar popular sustituyendo la ilusión de lo social -la idea de que los movimientos podían triunfar sin estrategia política de clase- por una ilusión de lo político aún más perniciosa: la fantasía de que era posible recuperar la democracia y reformar el capitalismo desde dentro de las instituciones del Estado imperialista español.
Del “sí se puede” al “no podemos”, desembocó en un programa de gestión del Estado capitalista que, lejos de transformar el régimen, ayudó a restaurarlo sobre nuevas bases. La trayectoria es elocuente: del “PSOE y PP, la misma mierda es” a la coalición con el PSOE; del “asalto a los cielos” al ministerio de su Majestad. Ya advertía Rosa Luxemburgo hace más de un siglo que el ingreso de los socialistas en un gobierno burgués no representa una conquista parcial del Estado por los socialistas, sino justamente lo contrario, una conquista del Estado burgués sobre los socialistas. En 2015, ante la capitulación de Tsipras frente a la Troika, Pablo Iglesias confesó la impotencia de su proyecto político diciendo que cualquier desafío serio al Estado capitalista encontraría enfrente al Ejército, a la policía, a los grandes medios y a todo el aparato de poder, como si esa constatación bastara para abandonar la pelea por enfrentarlos. Ese escepticismo estratégico se hizo método: lo que Gramsci llamó transformismo, la absorción por el régimen capitalista de quienes se presentaban como sus adversarios.
Los resultados son conocidos. Apoyo a la Corona (con la salida pactada del rey emérito incluida); negación del más mínimo apoyo al referéndum del 1 de octubre y la lucha por la autodeterminación, cerrando filas por omisión del golpe del 155, del gobierno cuya Abogacía logró el encarcelamiento de los líderes independentistas y después apoyando la clausura del procés junto a Sánchez y la dirección procesista de ERC, PSC y Comuns; participación activa de la gestión de la pandemia y la pospandemia al rescate de las grandes empresas; aprobación de la cumbre de la OTAN en Madrid; rearme histórico; mantenimiento de políticas migratorias y fronterizas brutales; desahucios sin freno; deterioro de la sanidad y la educación públicas. Esta operación fue responsable de la desmoralización de millones, alimentando la desconfianza en los barrios obreros y entre la juventud, abriendo así el camino al avance de la derecha y la extrema derecha.
A esta orientación se sumaron los proyectos de partidos amplios sin delimitación entre reformistas y revolucionarios, que diluyeron el carácter de clase de organizaciones que se reivindicaban anticapitalistas. La participación de Anticapitalistas en la fundación de Podemos es un claro ejemplo de una estrategia agotada. Otra deriva análoga es la de la izquierda independentista subordinada a las direcciones burguesas y pequeñoburguesas del procés catalán, cuya línea de “unidad popular” actuó como freno a una salida de clase del enorme movimiento democrático de 2017. La capitulación de Junts y ERC tras el referéndum del 1-O, la posterior gestión autonómica al servicio del Régimen y, en paralelo, la deriva socialdemocratizante de EH Bildu y del BNG, que han apoyado las investiduras y los gobiernos “progresistas” imperialistas del PSOE, completan el cuadro de bancarrota de las distintas variantes del reformismo y la conciliación de clases en el Estado.
Los nuevos intentos de “unidad de la izquierda”, como las conversaciones entre Gabriel Rufián (ERC) e Irene Montero (Podemos) como figuras destacadas, son un ejemplo más de una política fracasada. La experiencia de Syriza aplicando el ajuste de la Troika y la de Unidas Podemos en el gobierno con el PSOE clausuran cualquier debate honesto sobre esta perspectiva: allí donde se llega a las instituciones capitalistas por la vía de la conciliación de clases, lo único que se logra es gestionar la miseria del capitalismo, desmoralizar el movimiento de masas y abrirle el camino a la derecha.
Frente a la bancarrota del neorreformismo, oponemos la única alternativa realista: una salida revolucionaria, anticapitalista y socialista, basada en la independencia de clase, el desarrollo de la lucha de clases con sus propios métodos y la conquista de un gobierno de las y los trabajadores que rompa con el Régimen del 78 y abra el camino a una Federación Libre de Repúblicas Socialistas Ibéricas, en la perspectiva de conquistar los Estados Unidos Socialistas de Europa.
4. Superar la herencia contrarrevolucionaria de la socialdemocracia y el estalinismo
La perspectiva de construir una nueva organización revolucionaria, como nos proponemos, nace no solo de un balance del ciclo neorreformista, sino también de la necesidad de superar los límites históricos de las principales corrientes que han tenido peso entre la clase trabajadora y la juventud en el Estado español.
Por un lado, la socialdemocracia, que en su expresión ibérica -el PSOE- ha sido uno de los mejores exponentes de moderación e integración en el estado capitalista. Desde su colaboración con la dictadura de Primo de Rivera y su rol en los gobiernos de la II República contra las tendencias revolucionarias del movimiento obrero, a su papel fundador del Régimen del 78, su paso al social-liberalismo y el terrorismo de Estado con los gobiernos de González, el rol ajustador de Zapatero y el de restaurador del régimen y señor del rearme de Sánchez.
Por otro lado, el estalinismo, encarnado en el PCE y el PSUC, que fue vanguardia contrarrevolucionaria durante la Guerra Civil, aplastando a sangre y fuego la revolución social. Aupados en el prestigio de la URSS tras la derrota nazi lograron recomponerse y ser un elemento dinamizador clave del antifranquismo, pero siempre detrás de una estrategia -la reconciliación nacional- que mantuvo su renuncia a toda transformación social en un sentido socialista y que terminó en la llamada “reforma pactada” con los restos del aparato franquista. Durante la etapa democrática el curso socialdemocratizante ha sido cada vez mayor, siendo parte orgánica de la burocracia sindical de CCOO, hasta terminar de ministros de un gobierno de la OTAN.
5. La lucha por una nueva tradición revolucionaria en el Estado español
El anarquismo fue la corriente en la que se nuclearon los sectores más combativos y revolucionarios de nuestra clase, grandes protagonistas -junto a militantes del POUM, los del ala izquierda socialista y los bolchevique-leninistas- de la Revolución del 36. Sin embargo, su negación estratégica a tomar el poder y establecer un gobierno de trabajadores llevó a que sus direcciones claudicaran de la peor de las maneras, sumándose a los gobiernos de Frente Popular que aplastaron la revolución. Los sectores más lúcidos y revolucionarios sacaron, sin embargo, valiosas lecciones al calor de la lucha como la necesidad de pelear por una Junta Central Revolucionaria, como forma de un poder obrero basado en los delegados del frente, el campo y las fábricas.
La gran mayoría de las corrientes de la extrema izquierda tomaron como referencia alguna de estas grandes corrientes. Una gran parte se decantó por distintas versiones del estalinismo, como el maoísmo o el neoestalinismo, que comparten una visión etapista de los procesos revolucionarios, son enemigos de la autoorganización y han terminado apostando por diferentes vías por la colaboración de clases. Algunas corrientes, más referenciadas en el anarquismo o autonomismo, han apostado por el desarrollo de movimientos sociales sin una visión de clase, integración en la izquierda sindical, o la construcción de espacios autogestionados como estrategia, en muchas ocasiones en convivencia con diferentes proyectos reformistas.
Las corrientes de las distintas izquierdas independentistas, muy en especial en Euskal Herria, Catalunya y Galiza, emergieron también con fuerza como parte del rechazo al consenso de la Transición. Con distintas tácticas todas ellas han compartido la ilusión de que la conquista del derecho de autodeterminación era una tarea democrática a realizar en unión con la burguesía de sus respectivas naciones, posponiendo sine die la lucha por el socialismo y alejándose cada vez más de amplios sectores de la clase trabajadora y sus demandas. Un etapismo que los ha llevado a una bancarrota estratégica, como la del MLNV y el fracaso de la lucha armada, la integración de la izquierda abertzale como furgón de cola de “gobiernos progresistas” en el gobierno central, o la CUP en Catalunya y su apuesta fallida por el procés liderado por ERC y los viejos convergentes y su camino a la república “de la ley a la ley”.
Otro fenómeno de militancia político-social con peso en la clase obrera del Estado español ha sido el de la llamada “izquierda sindical” o el sindicalismo combativo. Frente a la rápida burocratización e integración en el régimen de las grandes centrales de CCOO y UGT, buena parte de las corrientes de izquierda y sectores de trabajadores descontentos con las grandes centrales optaron por nuclearse en otros sindicatos o crear nuevos. Esta dinámica dio lugar a la existencia de múltiples organizaciones sindicales (ya sea por naciones, referenciados en corrientes ideológicas -como por ejemplo el anarcosindicalismo-, como sindicatos de base y asamblearios, y también sindicatos con lógicas corporativas). Muchos sectores de vanguardia obrera se han nucleado en estas organizaciones, aunque sin superar una perspectiva sindicalista. La lógica de la división organizativa, como en muchos casos criterios sectarios y opuestos al desarrollo del frente único, a menudo han separado estas organizaciones de las bases de los grandes sindicatos. Esto ha alimentado un cierto “identitarismo” que ha dificultado incluso establecer acuerdos de unidad de acción entre las diferentes organizaciones del sindicalismo “alternativo”.
Respecto a las corrientes que provienen del trotskismo, su origen es mucho más reciente. En los años 30 el sector ligado a la Oposición de Izquierda liderado por Andreu Nin optó por romper con ella y fundar el POUM, un partido centrista que terminó integrando el Govern antirrevolucionario de la Generalitat junto a la dirección anarquista e incapacitándose así para poder jugar un papel de alternativa de dirección revolucionaria en la insurrección de mayo del 37, última gran batalla de la revolución social.
Las diferentes corrientes nacidas en los 70 como parte del movimiento trotskista sostuvieron en distintos niveles lo que denominamos “hilos de continuidad” con el marxismo revolucionario que reivindicamos. Fueron parte de quienes pelearon contra el acuerdo de la Transición Pactada y defendieron la perspectiva de transformar el ascenso obrero posterior a la muerte de Franco en un proceso revolucionario. Mantuvieron la defensa de la independencia de clase y el trabajo paciente en el movimiento obrero y sus organizaciones, mientras la mayor parte de la izquierda se sumaban a las olas de la posmodernidad que daban a la clase trabajadora como liquidada. Sin embargo, creemos que muchas de estas organizaciones tuvieron una dinámica centrista que las llevo por distintas vías a adaptarse a corrientes y fenómenos políticos de la izquierda reformista, la izquierda independentista o incluso a capitular ante intervenciones imperialistas.
La corriente encarnada durante décadas por la LCR y hoy por Anticapitalistas, fue la que más temprano desplegó una adaptación al régimen, de la “ruptura democrática” y la apuesta por los “nuevos movimientos sociales” abandonando una perspectiva de clase, llegando hasta la fundación de Podemos y la gestión municipalista, sin haber realizado todavía un balance estratégico cabal de su propia política. Un curso que se mantiene en la actualidad como vemos con su proyecto de Adelante Andalucía, que defiende abiertamente su voluntad de investir un gobierno del PSOE en el que fue su feudo histórico y ejemplo de gobierno clientelar.
Existen otras corrientes más pequeñas que se reivindican de la tradición marxista revolucionaria, como Izquierda Revolucionaria, que históricamente ha combinado un perfil formalmente obrerista con una práctica burocrática hacia el movimiento estudiantil (a través de su colateral, el Sindicato de Estudiantes) y un seguidismo persistente a todo tipo de variantes reformistas o neorreformismo, llamando a votarlas siempre, incluso militando en las filas del PSOE, IU o Podemos, en diversos momentos. También lo que queda de Corriente Roja o Lucha Internacionalista que, a pesar de sus diferencias, coinciden en reivindicar una perspectiva de “revolución democrática” -una concepción revisionista de la teoría de la revolución permanente de Trotsky-, desligando las demandas democráticas de la perspectiva del poder obrero. Esto las ha llevado a posiciones campistas proOTAN frente a la guerra en Ucrania o capitulaciones ante intervenciones imperialistas.
En la cuestión nacional, Corriente Roja tuvo su particular política seudoetapista. En su programa la defensa del derecho de autodeterminación se expresa en las Repúblicas libres (catalana; vasca, gallega y “en un momento dado” la andaluza). Desaparece así la consigna histórica del marxismo revolucionario de Repúblicas obreras socialistas en el marco de Federación de Repúblicas Socialista Ibéricas. Sin embargo, las “Repúblicas libres” disociadas de la defensa de un sistema social, se encuadrarían, en un futuro indeterminado, en una “Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas”. Cómo las Repúblicas libres se transforman en socialistas, es una incógnita que deberá resolverse en una especia de “segunda etapa” en la que se abordará el cambio del sistema social de dichas repúblicas. Es la consecuencia de la teoría de la “revolución democrática” aplicada a la cuestión nacional. La experiencia del procés mostró que la burguesía es incapaz de garantizar las tareas democráticas estructurales, pero sí de abortar una lucha que podía poner, y en buena parte puso, a todo el régimen monárquico contra las cuerdas. La consigna de República catalana, común a CR y LI, acaba condenando a un partido revolucionario a sumarse al furgón de cola de la política nacionalista burguesa y pequeñoburguesa. En el caso gallego, tanto Corriente Roja como los compañeros/as de la antigua Corrente Vermella llegaron a la conclusión de que Galiza era directamente una colonia (“nos negamos a seguir siendo una colonia en el Estado español”) y por ello ya no habría ninguna perspectiva de Unidad o Federación con los pueblos ibéricos y se plantearía su directa incorporación a la Europa socialista de las y los trabajadores y los pueblos. Es decir, la misma lógica seudoetapista de las “revoluciones democráticas”.
En los últimos años, y al calor de diferentes balances realizados con el ciclo anterior, se está viviendo una cierta reconfiguración del mapa de la izquierda que se reivindica revolucionaria que tiene dos grandes expresiones. Por un lado, una tendencia creciente a la militancia social ya sea en movimientos como el de la vivienda, en las filas del sindicalismo alternativo o en otros movimientos como el de solidaridad con Palestina. Son miles las y los jóvenes y trabajadores que deciden dedicar su tiempo a la lucha, en contra de las presiones a la pasivización alentadas por la operación de “restauración progresista” y las grandes burocracias sindicales, o al auge de las ideas y valores individualistas. Este retorno de lo social se hace sin embargo atravesado por nuevas ideas, como es un mayor peso de una perspectiva de clase -que se expresa no solo en el discurso sino en la apuesta por recuperar herramientas como la huelga- y un reverdecer de la discusión estratégica. Aun así, conserva un límite de “ilusión de lo social”, común con otros momentos de auge de los movimientos como fue el 15M, que es necesario superar estratégicamente apostando por la construcción de un instrumento político que pelee por la coordinación de todas estas luchas, el desarrollo de la autoorganización y un programa hegemónico que apunte a remover los cimientos del Estado capitalista.
El otro fenómeno es la emergencia del Movimiento Socialista (MS), el cual ha agrupado a un amplio sector de la juventud que rompió con la izquierda abertzale, la izquierda independentista catalana y el PCE. Creemos que son una de las principales expresiones de una radicalización política de sectores de la juventud decepcionados tanto con el futuro de precariedad, crisis y guerras al que el capitalismo aboca a toda una generación, así como con las falsas recetas que sirvieron de desvío al ciclo de lucha de clases anterior. Compartimos con el MS la defensa de la necesidad de una militancia político-estratégica, la crítica radical al neorreformismo, la afirmación de la centralidad de la clase trabajadora y el horizonte comunista. Justamente por ello, hemos hecho distintos emplazamientos al debate con la perspectiva de profundizar la unidad de acción y abrir la discusión estratégica. Sin embargo, mantenemos abiertas diferencias y debates en cuestiones estratégicas decisivas, como su rechazo de la táctica del Frente Único Obrero que los ha llevado muchas veces a negarse a intervenir en la lucha de clases justificándose en que primaban direcciones reformistas. También una concepción que separa el programa mínimo y máximo en lugar de articularlos transicionalmente, lo que lleva a combinar medidas gradualistas para el día a día y maximalistas en el discurso. Otro punto que no compartimos es su negativa a impulsar la autoorganización democrática con libertad de tendencias en los movimientos, lo cual está ligado a una perspectiva general contraria al desarrollo de soviets o consejos, reeditando así la confusión estalinista entre clase, partido y estado. Por último, aunque no menos importante, su llamativa reticencia a pronunciarse claramente sobre el estalinismo como corriente contrarrevolucionaria. Creemos que estas cuestiones les llevan a formular una estrategia que termina siendo evolutiva e incapaz de intervenir en los procesos vivos de la lucha de clases.
Con todas estas corrientes mantenemos un diálogo abierto y franco, a la vez que compartimos sin ningún sectarismo espacios de militancia común, plataformas o bloques de lucha; pero precisamente porque la lucha por una alternativa revolucionaria es seria, esa discusión exige señalar las divergencias estratégicas y proponer profundizar el debate para su superación en clave revolucionaria.
6. Por qué es necesario construir una nueva organización revolucionaria
El proceso de acercamiento entre nuestras organizaciones tiene raíces políticas profundas. Comenzó inicialmente con un trabajo en común con toda Corriente Roja. La posterior ruptura de la Fracción Trotskista de Corriente Roja tras el Congreso Mundial de la LIT-CI., provocó la salida de cerca de la mitad de la organización -incluidos dirigentes obreros históricos, así como cuadros más jóvenes- conformándose como CR-IV.
Este proceso se desarrolló y sigue avanzando en el terreno del debate, la elaboración e intervención conjunta con la CRT y la CRP, logrando una afinidad estratégica sobre los grandes ejes del período: la caracterización de la guerra de Ucrania y la necesidad de un programa independiente frente a las tendencias al enfrentamiento entre potencias; un posicionamiento antiimperialistas frente al genocidio en Palestina, la guerra en Irán y la ofensiva contra Cuba y Venezuela; una misma crítica del Régimen del 78 y de la restauración progresista; un balance común del fracaso del neorreformismo y de los proyectos de partidos amplios sin delimitación de clase; la reivindicación de la teoría-programa de la revolución permanente frente a las revisiones oportunistas y las concepciones de “revolución democrática”, así como la defensa del programa transicional, del Frente Único Obrero, de la autoorganización en clave soviética y de la lucha por un partido revolucionario internacionalista, que se resume en la apuesta por reconstruir la Cuarta Internacional sobre bases revolucionarias.
Esos acuerdos se han traducido en una amplia intervención política práctica conjunta en la lucha de clases, el movimiento de solidaridad con Palestina y contra la guerra imperialista, la participación en jornadas de debate sobre historia, marxismo y estrategia, así como en diversas declaraciones políticas antes hechos de la realidad estatal e internacional, como ante la guerra de Irán, el rearme imperialista, las amenazas de Trump sobre las Bases de Rota y Morón, el 1º de Mayo y el 8M.
Sobre la base de estos acuerdos, reivindicamos la centralidad estratégica de construir un partido socialista revolucionario de las y los trabajadores en el Estado español, como parte indisoluble de la lucha por reconstruir una internacional revolucionaria, la Cuarta Internacional sobre bases revolucionarias. Lo hacemos con plena conciencia del carácter irreconciliable del capitalismo con los intereses de la clase obrera, de la juventud, de las mujeres y disidencias sexuales, de las y los inmigrantes. Este sistema, que cada cuatro segundos condena a una persona a morir de hambre mientras un puñado de parásitos sociales acumula fortunas obscenas, es la trituradora de seres humanos que arrasa subjetividades, dignidades y horizontes vitales. Como advirtió Lenin a comienzos del siglo XX, vivimos una época de guerras, crisis y revoluciones, y aunque éstas últimas hayan tardado en madurar todas las tendencias indican que vamos a ver revueltas y revoluciones en el próximo período. Solo una organización armada de un programa revolucionario y preparada para intervenir en los procesos agudos de la lucha de clases podrá jugar un papel decisivo.
Reivindicamos para esta tarea el método de León Trotsky para la construcción de partido, contra toda autoproclamación sectaria y contra toda lógica evolutiva. Como sostuvo el gran dirigente de la revolución rusa en los años treinta con el “Bloque de los Cuatro”, el partido revolucionario no puede ser el subproducto del crecimiento aritmético de una sola corriente, sino el resultado de la fusión entre alas izquierdas de organizaciones marxistas revolucionarias y sectores de la vanguardia obrera y juvenil que se orienten hacia la revolución. Sectores que actúan en los movimientos sindicales o sociales más avanzados desde lo que llaman “doble militancia” -feminista anticapitalista, antiimperialista en apoyo al pueblo palestino o en fenómenos avanzados de la lucha de clases-, que se están planteando una “militancia estratégica” buscando superar los límites del activismo exclusivamente social o sindical, para avanzar en una militancia partidaria acercándose a las ideas revolucionarias, al calor de la crisis capitalista, la guerra y la lucha de clases.
La nueva organización que queremos construir será un proyecto político muy superior a la suma de nuestras fuerzas y se propondrá pelear por construir con este método un gran partido revolucionario de trabajadoras y trabajadores en el Estado español, capaz de jugar un papel decisivo en los combates por venir.
7. Bases político-programáticas
A continuación, enunciamos sintéticamente las bases político-programáticas fundamentales sobre las que proponemos construir la nueva organización. No se trata de un programa acabado, sino de los núcleos estratégicos que, junto con la prueba de la práctica política y de la lucha de clases, deben delimitar el campo de la izquierda revolucionaria que aspiramos a refundar.
· La lucha por la independencia política de clase. Reivindicamos la independencia política de la clase trabajadora frente a todas las variantes burguesas y pequeñoburguesas, contra toda política de “mal menor”, de “frente democrático” o “antifascista”, así como contra toda variante de “unidad nacional” con la burguesía en las nacionalidades oprimidas. Rechazamos rotundamente las alianzas electorales y de gobierno con los neorreformistas que gestionan el capitalismo -como hizo Unidas Podemos y hoy hace Sumar- y los acuerdos con corrientes burguesas que toman para sí reivindicaciones democráticas. Apostamos por la construcción de un partido revolucionario de trabajadoras y trabajadores basado en el carácter irreconciliable del capitalismo con los intereses de los explotados y oprimidos.
· La centralidad de la clase trabajadora y la lucha por la hegemonía obrera. Reafirmamos la centralidad de la clase trabajadora -en toda su heterogeneidad, atravesada por el género, la raza, la opresión nacional y la precariedad- como sujeto de la revolución socialista, debido a su lugar en la producción y en la reproducción social. Por las posiciones estratégicas que ocupa en el sistema capitalista, la clase obrera tiene la potencialidad de determinar la producción del conjunto de la economía: los trabajadores y trabajadoras de los grandes puertos, refinerías, sectores energéticos, los transportes y las telecomunicaciones, la sanidad, la educación y los cuidados, pueden poner de rodillas a la economía capitalista mediante la huelga, y, en perspectiva, reorganizar la sociedad sobre nuevas bases. Pero esa centralidad solo se realiza mediante una política hegemónica capaz de forjar una alianza con la juventud estudiantil precarizada, las clases medias empobrecidas, los pueblos oprimidos, los movimientos ecologistas, feministas, antirracistas, de trabajadoras/es migrantes y parados/as, que permita conquistar la fuerza material para hacer efectiva la estrategia de la huelga general política que paralice la economía capitalista y plantee la cuestión de quién debe dirigir la sociedad. Las huelgas y acciones impulsadas por los portuarios italianos contra el rearme imperialista y el gobierno de Meloni, especialmente las huelgas generales contra el genocidio en Gaza y la detención de la Global Sumud Flotilla en otoño de 2025, o la huelga educativa en Catalunya, un proceso avanzado que destaca por la unidad entre todos los sectores, la autoorganización en asambleas, métodos activos de lucha, oposición a la burocracia sindical y al gobierno, y construcción de alianzas con familias, comunidad educativa y otras luchas sociales, son puntos de apoyo para mostrar la perspectiva que queremos generalizar.
· La defensa de un programa transicional revolucionario y el gobierno obrero. Reivindicamos la articulación de un Programa de Transición, como el elaborado por León Trotsky en 1938, como el mejor método para establecer un puente entre la conciencia actual de las masas y la perspectiva del poder obrero. Por ejemplo, frente a la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, levantamos la escala móvil de salarios y horas de trabajo; frente al desempleo, el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles sin reducción salarial; frente a los chantajes de la patronal, defendemos la abolición del secreto comercial, la apertura de los libros contables y la expropiación bajo control obrero de las empresas que cierren o despidan; frente a la crisis de la vivienda, luchamos por un Parque Público de viviendas de alquiler social que puede y debe conformarse desde ya con la expropiación de las viviendas vacías de la Banca, los fondos buitre y las grandes inmobiliarias que se enriquecieron con el “rescate bancario” que a día de hoy no devolvieron. Bregamos por la prohibición de los desahucios y en perspectiva por un plan público de construcción de viviendas bajo control obrero, así como la imposición del control de precios de los alquileres bajo control de comités de inquilinos; frente al saqueo financiero, reivindicamos el no pago de la deuda y la nacionalización del sistema bancario bajo control obrero; frente al rearme imperialista, decimos ¡ni un euro para la guerra!, cierre de las Bases militares de Rota y Morón, salida de la OTAN y ruptura inmediata de relaciones con el Estado genocida de Israel. Estas y otras demandas se articulan con la lucha por las libertades democráticas -contra la Ley Mordaza, las Leyes de Extranjería, la represión, la judicatura franquista y las tendencias bonapartistas-, la lucha por terminar con el régimen monárquico y la defensa del derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas por el Estado español, desde una perspectiva de independencia de clase que luche por la conquista de un gobierno de las y los trabajadores y una Federación Libre de Repúblicas Socialistas Ibéricas, en la perspectiva de conquistar los Estados Unidos Socialistas de Europa.
· Lucha por el Frente Único Obrero. Defendemos la táctica del Frente Único Obrero, en la formulación clásica de la Internacional Comunista bajo la dirección de Lenin y Trotsky: “golpear juntos, marchar separados”. Es decir, la unidad de acción con sectores y organizaciones reformistas del movimiento obrero para enfrentar al capital y al Estado, manteniendo al mismo tiempo la lucha política para que las masas hagan su propia experiencia con las direcciones reformistas. El Frente Único es para nosotros una táctica y no una estrategia: su objetivo es ampliar la influencia de los revolucionarios en amplios sectores de la clase trabajadora mediante la experiencia común y desenmascarar a las burocracias. De aquí se deriva la lucha por recuperar las organizaciones sindicales mayoritarias -como CCOO y UGT- de manos de la burocracia, por construir fracciones clasistas y revolucionarias en su seno, así como en los sindicatos de base, del sindicalismo combativo y/o nacionalista y allí, en definitiva, donde se organice la clase trabajadora. Al mismo tiempo, luchamos por superar el sectarismo que atomiza a la izquierda sindical y bregamos por la unificación del conjunto de la clase trabajadora en base a un programa de lucha independiente del estado y los capitalistas. Reivindicamos recuperar la batalla a la que se renunció durante la Transición para dividir a la clase obrera, por un Congreso sindical constituyente que rompa la actual división y la diáspora sindical y conforme una Central Unitaria de las y los Trabajadores basada en el más absoluto respeto a la democracia obrera. En ese camino de la lucha por la autoorganización alentaremos todo agrupamiento, Plataformas, o como se llamen que ayude en este camino. Reivindicamos esa batalla por el Frente Único que a nivel internacional ha tenido una expresión notable en el combate del PTS de Argentina por poner en pie instancias amplias de coordinación de todos los sectores dispuestos a la lucha para imponer a las burocracias sindicales y sociales el Frente Único y un plan de lucha contra las reformas y ajustes de Milei y las patronales.
· Lucha antiburocrática y autoorganización. Mantenemos un combate frontal contra las burocracias políticas y sindicales que actúan como agentes de la patronal y dividen a la clase obrera. Reivindicamos el desarrollo de organismos de autoorganización con libertad de tendencias -comités de acción, coordinadoras de las luchas, asambleas en los lugares de trabajo y estudio- como vía para agrupar a la vanguardia y, eventualmente, a sectores de masas, e imponer el frente único quebrando la pasividad y el divisionismo de las cúpulas sindicales. Libramos esta batalla en todos los países, como lo hicieron por ejemplo nuestros compañeros de Révolution Permanente en Francia durante la “batalla de las pensiones”, contra la reforma de Macron de 2023, llamando a impulsar la autoorganización y a construir asambleas generales e Intersectoriales para generalizar la huelga y unificar a todos los sectores de la clase trabajadora. En momentos agudos de la lucha de clases, estos organismos pueden generalizarse y transformarse en órganos de doble poder, soviets o consejos, que para nosotros son la base de un nuevo tipo de Estado obrero fundado en la democracia proletaria y en el pluripartidismo soviético.
· Internacionalismo y antiimperialismo. El internacionalismo es para nosotros una cuestión estratégica. La revolución socialista, en tanto comienza en un terreno nacional, solo puede triunfar definitivamente como revolución internacional. Combatimos a muerte el imperialismo, empezando por el imperialismo español, sus multinacionales, su pertenencia a la OTAN y sus enclaves coloniales en Ceuta y Melilla -que exigimos sean devueltos a Marruecos-, así como su rol como gendarme de las fronteras europeas, y exigimos la inmediata ruptura de relaciones políticas, militares y comerciales con el Estado genocida de Israel. Defendemos la lucha de los pueblos oprimidos por su emancipación nacional desde una estrategia de independencia de clase, sin el menor apoyo a los proyectos políticos de las burguesías nacionales. La construcción de una nueva organización en el Estado español es para nosotros parte indisoluble de la lucha por construir un Movimiento por una Internacional de la Revolución Socialista, que se proponga la tarea histórica de avanzar en la reconstrucción de la Cuarta Internacional.
· Juventud revolucionaria militante. Apostamos por construir una corriente militante entre la juventud de universidades, institutos, centros de Formación Profesional, los barrios obreros y entre la juventud trabajadora precarizada. Una generación que es la primera que vive peor que sus padres y madres en términos materiales por la imposibilidad estructural de acceder a una vivienda digna, la precariedad laboral generalizada, los contratos temporales en cadena, el pluriempleo y los salarios de miseria; que sufre asimismo una verdadera crisis vital y un sentimiento de no tener futuro, síntoma y producto de un sistema capitalista que destruye el planeta y solo promete guerras y miseria. Pero esa misma generación, hija de la crisis abierta en 2008, la que ha sido protagonista decisiva del último ciclo internacional de revueltas: los chalecos amarillos en Francia, la rebelión de Chile, el levantamiento de Sri Lanka, las grandes movilizaciones del BLM en Estados Unidos, las protestas contra el ICE, y, en los últimos años, la oleada estudiantil global de solidaridad con Palestina, con campamentos en universidades de medio mundo. En el Estado español es la fuerza viva detrás de las manifestaciones contra el genocidio, contra el rearme imperialista, en el movimiento por la vivienda, en el 8M y en el activismo antirracista. La defensa de la educación pública, gratuita y laica frente a la mercantilización, los recortes y la privatización; la lucha por una vivienda; la pelea contra la criminalización, la represión y el avance de la extrema derecha que pretende disputar a esa misma juventud sobre la base del odio y el resentimiento; la batalla por una salud mental pública y desmercantilizada, y por el derecho al ocio y la cultura; todo ello debe articularse en una estrategia común que recupere las mejores tradiciones de la unidad obrero-estudiantil. Defendemos el combate sin tregua a las direcciones burocráticas y reformistas que actúan en el movimiento estudiantil, así como a la ilusión meritocrática y al individualismo neoliberal que el capitalismo inocula en cada generación, contraponiéndoles la perspectiva de la organización colectiva. Proyectaremos la agrupación Contracorriente como herramienta política revolucionaria de la juventud, en estrecha articulación con Pan y Rosas, con las fracciones clasistas en el movimiento obrero y la lucha por construir en el seno de la juventud trabajadora y estudiantil los cuadros de una nueva organización socialista revolucionaria y de un partido mundial para la revolución socialista.
· Feminismo socialista y lucha contra todas las opresiones. Reivindicamos un feminismo socialista y de clase, internacionalista y antiimperialista, contra la guerra, el capitalismo y el patriarcado, delimitado del feminismo liberal, ministerial y punitivista. Partimos de la articulación entre capitalismo y patriarcado, de la división sexual del trabajo y de todas las formas de explotación y mercantilización de los cuerpos y de la vida de las mujeres bajo este sistema, así como todas las formas de violencia patriarcal, opresión sexual y división sexual del trabajo que sostienen la reproducción de este sistema. Defendemos las conquistas y demandas históricas, arrancadas mediante la lucha del movimiento feminista y de las mujeres trabajadoras -como el derecho al aborto, la lucha contra las violencias machistas y por iguales derechos y salarios- junto a las reivindicaciones específicas de las mujeres migrantes y racializadas, y de las disidencias sexuales y de género, por los derechos de todas las personas trans y de todos los sectores oprimidos por el patriarcado y el capitalismo, desde una perspectiva de independencia de clase y sin confianza en los gobiernos ni en las instituciones del Estado capitalista. Al mismo tiempo, combatimos la cooptación del movimiento de mujeres por los gobiernos “progresistas” y las salidas liberales dentro del Estado capitalista. Proyectamos la agrupación Pan y Rosas como organización revolucionaria del movimiento de mujeres y disidencias.
· Antirracismo y antimperialismo. Asumimos la lucha contra el racismo y la xenofobia -contra las Leyes de Extranjería, los CIE, las deportaciones, el racismo institucional, la islamofobia y la masacre fronteriza- como parte indisoluble de la lucha por la unidad y la hegemonía de la clase trabajadora. Consideramos que esta lucha está indisolublemente ligada a la lucha contra el imperialismo, que domina a los países del Sur Global a través de mecanismos como el Fondo Monetario Internacional y el poder militar. Por eso mismo, luchamos por el derecho al libre tránsito, por una apertura total de fronteras y por el desconocimiento de la deuda externa. Por acabar con el racismo estructural y establecer lazos de solidaridad internacionalista, frente a la deriva nacionalista de los gobiernos reaccionarios y “progresistas”.
· Parlamentarismo revolucionario y derecho a la rebelión. Reivindicamos el parlamentarismo revolucionario como táctica al servicio de la estrategia socialista, en la tradición de Marx y Engels, de Lenin y Trotsky, y de las resoluciones de los primeros congresos de la Internacional Comunista. Frente al parlamentarismo burgués reformista -que convierte las instituciones del Estado capitalista en el fin mismo de la política y subordina la lucha de clases al calendario electoral, como hicieron Syriza, Podemos, Unidas Podemos o las apuestas tipo Mamdani en el Partido Demócrata estadounidense, hoy reivindicadas por sectores de la DSA-, y frente al cretinismo antiparlamentario que se abstiene por principio de toda intervención electoral y entrega así un terreno decisivo de propaganda a los reformistas y a la derecha, sostenemos que el parlamento burgués no es un instrumento neutro al servicio del cambio social, sino un órgano del Estado capitalista que no puede ser “conquistado desde dentro” ni gestionado en clave socialista. Pero precisamente por ello debe ser utilizado en forma revolucionaria como tribuna para agitar la lucha de clases en las calles, los lugares de trabajo y los centros de estudio, para denunciar el carácter de clase del régimen, para amplificar la voz de las y los trabajadores en huelga, de las mujeres y disidencias, de las y los migrantes, de las naciones oprimidas, y para sostener un programa anticapitalista y transicional irreconciliable con la administración del orden burgués. El ejemplo del PTS y el FITU en Argentina es para nosotros una referencia estratégica: una izquierda que disputa el terreno electoral con independencia de clase, sin alianzas con los partidos del régimen, y que pone sus escaños al servicio del desarrollo de la lucha de clases y la autoorganización. La labor de Myriam Bregman, Nicolás del Caño y otros compañeros como diputados nacionales, encarnación de esta tradición, ha alcanzado un reconocimiento político de masas: hoy Bregman es la dirigente argentina con mayor imagen positiva, muy por encima de Milei. En su intervención en el masivo acto del PTS en el estadio de Ferro este 1º de Mayo, reivindicó frente a miles el derecho a la rebelión y la acción directa, llamó a organizar una Huelga General para derrotar al gobierno de Milei y al ajuste, y convocó a impulsar comités de organización en lugares de trabajo, estudio y barrios para construir un gran partido de la nueva clase trabajadora. Esa orientación -dar batalla en todos los terrenos, incluido el electoral, sin la menor concesión ni moderación- es la nuestra: contra toda utopía reformista de una gestión “humana” del Estado capitalista, defendemos el derecho a la rebelión como brújula estratégica. Proyectaremos esa concepción del parlamentarismo revolucionario en el Estado español en cuantas instancias electorales nos propongamos disputar como herramienta al servicio de la lucha extraparlamentaria, la autoorganización y la conquista del poder por las y los trabajadores.
· Bajo las banderas del marxismo revolucionario. Hacemos del combate ideológico contra las ideas dominantes una tarea central. Reivindicamos la recreación viva del marxismo revolucionario y la tradición clásica de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, como guía para la acción de las nuevas generaciones revolucionarias. Continuaremos desarrollando, ampliando y unificando los proyectos de prensa, edición, elaboración y formación, como los diarios digitales Izquierda Diario, Esquerra Diari, el Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx, Ediciones IPS y la revista Contrapunto, así como impulsando centros culturales socialistas como la Casa Marx en Vallekas, La Comuna en Zaragoza o el Casal Yolanda González en Barcelona, como herramientas militantes y de combate teórico-político al servicio de la construcción del partido.
· Por una organización revolucionaria militante y de combate. La organización que aspiramos a construir no será una máquina electoral ni un aparato parlamentario, sino un partido revolucionario militante y de combate, basado en la tradición del marxismo revolucionario y su continuidad leninista-trotskista, enraizado en la clase trabajadora, las mujeres y la juventud explotada y oprimida. Reivindicamos la concepción leninista del militante como “tribuno del pueblo”, que no se limita a defender las demandas económicas o de su sector, sino que combate toda manifestación de arbitrariedad y opresión contra la clase obrera y los sectores populares, ligando esas luchas con la lucha global contra la explotación y el Estado capitalista. El centralismo democrático es la forma orgánica de esa organización, es decir, el fomento de la más amplia democracia interna y libertad de debate, articulada con la disciplina consciente para golpear como un solo puño en la lucha de clases, algo opuesto al “centralismo burocrático” promovido por el estalinismo. Concebimos las filas de la organización que queremos construir como un marco de fraternidad revolucionaria, de lazos de camaradería forjados en el combate común que prefiguren las relaciones humanas liberadas del individualismo, la competitividad y la opresión propios de la ideología capitalista.
· Luchamos por el comunismo. Nuestro objetivo político es la conquista de una sociedad comunista, sin clases ni Estado, basada en la planificación racional, democrática e internacional de la economía y en la asociación de productoras y productores libres, en base a la más amplia democracia de los consejos obreros. Reivindicamos esta perspectiva contra la utopía reaccionaria del “socialismo en un solo país” y contra la barbarie de la degeneración estalinista, la corriente más contrarrevolucionaria de la historia del movimiento obrero. Defendemos la tradición del trotskismo como continuidad del marxismo revolucionario en nuestra época y abrazamos una estrategia soviética que, frente a la crisis capitalista, las guerras, la miseria y el avance de la extrema derecha, plantee como única salida de fondo la unidad internacional de la clase trabajadora y los oprimidos para derrocar al capitalismo y construir una nueva sociedad.
8. Hacia un proceso constituyente de una nueva organización socialista revolucionaria en el Estado español
Sobre estas bases, el Comité Conjunto de la CRT y CR-IV nos proponemos impulsar un proceso constituyente para la fundación de una nueva organización socialista revolucionaria en el Estado español, con vistas a un congreso fundacional. Para ello, tenemos por delante el desafío de organizar un proceso de elaboración colectiva de los documentos programáticos fundacionales y el impulso de un amplio plan de asambleas abiertas, seminarios públicos de debate, intercambios escritos sobre las cuestiones vitales de la estrategia socialista hoy y actividades comunes en el movimiento obrero y juvenil en los territorios donde tenemos presencia y en aquellos a los que nos proponemos llegar con el objetivo de formar el núcleo de una nueva organización revolucionaria y socialista en el Estado español.
Llamamos a las trabajadoras y trabajadores que ante la traición de las direcciones reformistas han encontrado en las filas del sindicalismo combativo un lugar de organización y activismo pero se proponen avanzar hacia una militancia estratégica; a las y los jóvenes politizados en universidades, institutos y FP por la solidaridad con Palestina, por la vivienda y contra el rearme que buscan una salida política; a las militantes feministas, antirracistas y del movimiento por la vivienda hartas del feminismo ministerial y del progresismo imperialista; a las y los exmilitantes de la tradición trotskista y de la izquierda revolucionaria que buscan un proyecto a la altura de las exigencias del período; y también a las compañeras y los compañeros de otras organizaciones de la extrema izquierda con quienes mantenemos diferencias pero compartimos terrenos de práctica común y voluntad de debate honesto, a sumarse al proceso constituyente.
El objetivo de este llamamiento es abrir un tiempo y un espacio de clarificación sobre las bases político-programáticas que presentamos como propuesta y sobre las que puedan seguir en debate. Concebimos este proceso como algo abierto, permitiendo que cada cual participe con sus ideas, su experiencia y sus propuestas para elaborar colectivamente su programa y su funcionamiento democrático.
La nueva organización que queremos construir aspira a ser un elemento decisivo para la recomposición de una extrema izquierda de combate en el Estado español, una organización que participe activamente de todas las luchas de la clase trabajadora -en defensa de la sanidad, la educación y los servicios públicos; en la lucha por la vivienda; en la lucha de la juventud estudiantil y la juventud trabajadora; en el movimiento de solidaridad con Palestina y contra el rearme imperialista; en la defensa de las mujeres y disidencias; en la lucha de las y los migrantes; en la batalla por la autodeterminación de las naciones oprimidas-, buscando convertirlas en grandes combates, en “escuelas de guerra” que transformen a nuestra clase en un sujeto hegemónico capaz de estar a la altura de los acontecimientos. Una organización con una estrategia revolucionaria y un programa para vencer, capaz de jugar un rol decisivo para que las próximas revueltas se conviertan en revoluciones, y para abrir el camino a un futuro que merezca ser vivido frente a la barbarie capitalista que amenaza con destruir la humanidad y el planeta.
Hay que tomar partido. Frente al genocidio en Palestina, la guerra y el militarismo, frente al rearme imperialista del gobierno “progresista”, frente a la trampa del mal menor que prepara nuevas frustraciones y nuevos avances de la extrema derecha, frente a la crisis capitalista que descarga sus costos sobre las y los trabajadores y la juventud, hace falta una organización socialista revolucionaria que combata por la independencia de clase, por la autoorganización y por un gobierno de las y los trabajadores, por la huelga general política. Una organización que sea, en el Estado español, una trinchera más en la pelea internacional por reconstruir la Cuarta Internacional sobre bases revolucionarias y por abrir el camino al comunismo.
¡Impulsemos en común comités y asambleas abiertas para construir una nueva organización revolucionaria en los centros de trabajo, en los institutos y universidades, en los barrios obreros y populares, en las ciudades y pueblos del conjunto del Estado! ¡Únete al proceso constituyente de la nueva organización socialista revolucionaria que la clase trabajadora, la juventud y los pueblos oprimidos del Estado español necesitan!
Comité Conjunto de la CRT (Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores) y CR-IV (Corriente Roja – Cuarta Internacional).
Julio 2026






