El gobierno de Miguel Díaz-Canel aplicó medidas de contingencia ante la falta de combustible y el dólar sube en el mercado negro. La población trabajadora es la principal afectada por la ofensiva imperialista.
En las calles de La Habana y de toda la isla hace días que la situación, ya de por sí muy precaria, empeoró significativamente con la falta de combustible luego de que, por presión directa de Donald Trump, los gobiernos de Venezuela y México cesaran el envío de petróleo a la isla subordinándose vergonzosamente al mandato yanqui.
El transporte estatal casi desapareció, tanto urbano como interprovincial, mientras que el privado aumentó fuertemente los precios y está mermando a medida que los dueños de vehículos se quedan sin combustible. Durante el fin de semana se vieron filas de varias cuadras en las gasolineras de quienes podían comprar combustible.
Al mismo tiempo, el dólar ya llegó a los 500 pesos (CUP) en el mercado negro, y el valor oficial 450 CUP aunque el gobierno mantiene la tasa original de 24 CUP y de 120 CUP por dólar para ciertas transacciones. Según comentó el economista cubano Pavel Vidal, de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, ese número [500 CUP] es “una barrera que el mercado había respetado incluso en condiciones complicadas” (OnCuba, 12/2).
Resulta casi inevitable que en los próximos días o semanas el aumento de precios se produzca también en alimentos y otros productos básicos.
Medidas de emergencia que afectan principalmente a la población trabajadora
El pasado viernes el presidente cubano Díaz-Canel dio una extensa conferencia de prensa en la que anunció una serie de restricciones en las actividades cotidianas en todo el país con el objetivo de reducir fuertemente el consumo energético.
Una de ellas es el cierre de hoteles y la reubicación de cientos de turistas que se alojaban en ellos para concentrar la provisión de los servicios que requieren, principalmente energía eléctrica pero también los propios empleados que deben movilizarse diariamente desde sus hogares. Se trata de una medida que solo se aplicaba ante fenómenos meteorológicos graves como los huracanes. Siendo el turismo la principal actividad económica a la que apuesta el gobierno desde hace años, la medida da cuenta de la gravedad de la situación.
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La aerolínea de bandera de Canadá, principal emisor de turistas a la isla, anunció esta semana que dejaba de operar por falta de combustible. Es decir que el panorama hacia adelante parece ser aún peor.
Otra decisión que evidencia la seriedad de la situación es el recorte de un día de la semana laboral para la mayoría de los trabajadores estatales, a fin de reducir la movilidad cotidiana de cientos de miles de personas en las principales ciudades del país. Tengamos en cuenta que pese al crecimiento del sector privado en los últimos años, los trabajadores estatales todavía son alrededor del 65% del total.
En el mismo sentido, se anunció la implementación de modalidad híbrida (virtual/presencial) en escuelas y universidades.
Pero uno de los grandes problemas que viene golpeando al pueblo trabajador cubano y que se agravará en breve, son los apagones eléctricos que afectan durante horas a barrios enteros y a veces a toda una ciudad. La falta de luz no es solo un problema para las actividades cotidianas durante la noche, o para refrigerar los pocos alimentos que pueda estar guardando una familia trabajadora en su heladera.
Los apagones afectan directamente la provisión de agua en gran parte de los hogares que dependen de una cisterna para abastecer los tanques. El gobierno suele “resolver” este problema (en verdad, paliar muy precariamente) con el envío de camiones que reparten agua edificio por edificio o incluso vecino por vecino que salen a cargar baldes y bidones. Un método de por sí muy poco económico, que con la falta de combustible también se verá afectado.
Recientemente, el MINREX informó que la producción de combustible nacional solo alcanza a cubrir el 55 % de la electricidad que necesita el país a lo que se suma un pequeño aporte de unos 1.000 MW de energía solar. (El Nuevo Herald, 7/2). Es decir que Cuba debe importar casi la mitad del combustible que necesita para garantizar la provisión de energía eléctrica. En el rubro alimentos, otro de los grandes problemas que enfrenta la población por escasez o inflación, la proporción es aún mayor, cercana al 80% de las necesidades en muchos productos.
La vieja receta imperialista para ahogar la revolución
Como puede verse, el recrudecimiento del bloqueo económico ordenado por Trump no afecta al gobierno y altos mandos militares como quieren hacer creer, sino que afecta directa y gravemente a la población trabajadora.
La línea de Trump, consciente de que una acción militar ilegal e ilegítima como la realizada contra Venezuela sería lo más parecido a jugar a la ruleta, retoma la vieja y criminal política de la Ley Helms-Burton (1996) que redobló el bloqueo económico en un momento crítico para el país, cuando tras la caída del bloque soviético, el PBI venía de caer a razón de un 10% anual (1990-1993) y la población resistía a pura moral la falta de productos y servicios elementales.
Como se sabe, la ofensiva de Trump llega en medio de una situación económica crítica desde hace tiempo. El PBI lejos de recuperarse, suma el tercer año consecutivo de recesión: -2% en 2023, -1% en 2024 y según el Centro de Estudios de la Economía Cubana citado por Clarín, un duro -5% en 2025 y acumula una contracción del 15% desde la pandemia de 2020.
El turismo, principal entrada de divisas, sigue mermando año tras año; cayó 18% en 2025 y acumula una caída del 62% respecto a 2018 que fue el año más exitoso. Otras áreas clave para la entrada de divisas, como son las remesas que envían familiares radicados en el exterior y los servicios médicos internacionales, también vienen en franco retroceso.
Las inversiones extranjeras que el gobierno intenta atraer desde hace años con exención de impuestos y otros beneficios, siguen sin aparecer a pesar de que hace años existe un entramado legal que garantiza su “seguridad jurídica” (Ley de Inversión Extranjera de 2014, Constitución de 2019, entre otras) y se realizó la largamente demorada unificación monetaria (2021) con el consecuente golpe inflacionario a la población.
La burocracia del PCC descarga la crisis sobre los trabajadores
Ante este contexto ruinoso, el gobierno de Díaz-Canel sigue respondiendo con medidas pro mercado. En diciembre de 2025 implementó una “dolarización parcial” de la economía, permitiendo las transacciones en dólares directas entre empresas (hasta ahora debían hacerlo a través de instituciones estatales) con el objetivo de “dinamizar la economía” y mejorar la oferta de productos para contener la inflación y el mercado negro. Además, introdujo una “tasa flotante” para atraer divisas que cotiza en torno a los 450 pesos. Muchas empresas privadas obtuvieron fuertes beneficios, pero en la calle no cambió nada.
En realidad, la dolarización no se limita al ámbito empresarial. En la calle, gran parte del consumo cotidiano ya se hace en dólares, mientras que los sueldos son en pesos, en promedio 7.000 pesos que al cambio actual son 14 dólares. Un maple de huevos ronda los 3.000 pesos, por poner un ejemplo muy mencionado en los medios. Por lo tanto, el deterioro de la situación social que está provocando el bloqueo recrudecido de Trump es muy fuerte y se agrava aún más con las medidas de corte liberal que impulsa el gobierno.
La Casa Blanca pretende hacer colapsar la economía cubana, llevar a la desesperación a millones de personas y con eso provocar un cambio de régimen que le permita volver a dominar y expoliar el país como hacían antes de la revolución.
Por su parte, la burocracia restauracionista del Partido Comunista, encabezada por el gobierno ajustador y represor de Miguel Díaz-Canel, tiene la responsabilidad directa de que las consecuencias del bloqueo recaigan casi exclusivamente en la población trabajadora, en particular los sectores más vulnerables como jubilados y pensionados, empleados estatales o cuentapropistas pobres. Los escasos recursos con que cuenta el país son direccionados abrumadoramente hacia el turismo (pese a que la ocupación hotelera está por el piso) y otros rubros que “atraigan divisas” (biotecnología, empresas exportadoras), mientras siguen desfinanciadas y hasta abandonadas las centrales eléctricas, la construcción y reparación de viviendas, la higiene urbana, el transporte público, la salud, y mientras se siguen recortando subsidios como la libreta de racionamiento.
A esta política de ajuste sobre el pueblo, hay que sumar el giro cada vez más autoritario y represivo del régimen de partido único. Desde el estallido social del 11 de julio de 2021 no solo no hay derecho a la movilización, prensa y organización por fuera de las entidades avaladas por el PCC, sino que se ha incrementado exponencialmente la represión a la protesta social y el hostigamiento a activistas opositores. Por el contrario, instituciones pro capitalistas como las iglesias, en particular la Iglesia Católica, tienen una amplia libertad de expresión.
Esta combinación de ajuste y represión por parte de un gobierno que se reclama “socialista” redunda en una desmoralización general de amplios sectores de las masas que durante décadas resistieron la agresión imperialista. En particular entre la juventud resulta en un aliento a salidas reaccionarias que plantean que el “libre mercado” puede resolver las penurias actuales.
«Nuevos ricos» por un lado; más pobres y explotados por el otro
Justamente, la tercera pata podríamos decir de la política de la burocracia, junto al ajuste y la represión, es el impulso de la restauración capitalista y el desmantelamiento de la economía nacionalizada y del plan (sistema presupuestado). En los últimos dos o tres años, la estrella de esta política han sido las MIPYMES (micro, pequeñas y medianas empresas) que junto a cooperativas no estatales y a cuentapropistas ocupan a más de 800.000 personas según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI) en 2025.
Pero este sector MIPYME que tanto desde el gobierno como desde la derecha se lo decora con conceptos altisonantes como “emprendedores, innovadores” en realidad está fuertemente estratificado. En lo alto de la pirámide, un pequeño número de empresas emplean decenas de trabajadores, tienen varios locales y hacen importantes negocios incluso en vinculación al Estado a través de los “encadenamientos”, en muchos casos son importadores por lo que tienen acceso a divisas. Son sin dudas los «nuevos ricos» que ya se venían formando al final del gobierno de Raúl (e incluso antes), pero han avanzado mucho más con Díaz-Canel en especial en los últimos tres o cuatro años.
Más abajo, hay un amplio abanico de medianas y pequeñas empresas con rendimientos más variables y menos respaldo de capital que dependen de las condiciones económicas más generales, por ejemplo, se ven seriamente afectadas por los cortes de luz o la falta de combustible, el abastecimiento de productos o la inflación. Con el reforzamiento del bloqueo económico que ha impuesto Trump, ya se habla de que muchas de estas empresas deberán achicarse despidiendo trabajadores, y otras incluso directamente cierren.
Con el avance del capitalismo, la amenaza del desempleo se vuelve real, liquidando lo que fue una de las conquistas sociales de la revolución, la garantía de un puesto de trabajo que históricamente permitió tener un nivel de desocupación por debajo del 2% a excepción del Período Especial donde llegó al 7%, aun así, muy por debajo de los países capitalistas de similar desarrollo económico.
Ahora, en época de crisis profunda, uno de los principales afectados son los trabajadores del sector privado que a diferencia de los estatales no tienen estabilidad laboral. Y agreguemos de paso que, si por un lado suelen ganar mejor que los estatales, no tienen horarios claros o sobrepasan las 8hs diarias, no tienen vacaciones pagas, licencias y un largo etcétera. De hecho, está en proceso un nuevo Código de Trabajo (el vigente es de 2014) para regular el sector y poner ciertos límites a la explotación. Como vemos, las consecuencias sociales de la restauración capitalista están a la vista.
La verdadera cara de los gobiernos «progresistas» frente a Cuba
Todo indica que con el correr de los días y semanas la situación social en la isla empeorará por el estrangulamiento energético impuesto por Trump, a lo que se suma la política nefasta de la burocracia gobernante de descargar la crisis sobre los trabajadores mientras ellos conservan todos sus privilegios y favorecen a la emergente burguesía.
Los gobiernos “amigos”, llamados “progresistas” o parte de un supuesto “sur global” alternativo al imperialismo, no han tomado una sola medida seria para defender a Cuba. Delci Rodríguez y el chavismo de Venezuela, acataron en menos de 48hs la órden de Trump de cortar los envíos de petróleo y combustible. La progresista Sheinbaum en México, país que ya venía recortando sus envíos durante 2025, hizo lo mismo como denuncian nuestros compañeros de La Izquierda Diario de México y el MTS, aunque para tratar de guardar las formas acaba de enviar dos buques con ayuda humanitaria compuesta por alimentos y productos de higiene, y ha anunciado que seguirán “estudiando formas de enviar combustible” y más ayuda en las próximas semanas.
El progresista Lula, que viene cultivando muy buenas relaciones con Trump, mantiene una quietud fenomenal cuando podría abastecer rápidamente a Cuba con una mínima porción del petróleo que produce Brasil, tal cual exigen nuestros compañeros de Esquerda Diário y el MRT.
Las grandes potencias de China y Rusia, que se muestran como “alternativas” a EE. UU., están demostrando exactamente lo mismo. Apoyos discursivos, promesas de ayuda, denuncias a Trump, pero nada concreto para enfrentar la ofensiva imperialista. De hecho, Cuba, junto a otros países, ingresó al bloque de los BRICS en enero de 2025 pero increíblemente ninguno de sus miembros, empezando por las dos grandes potencias han hecho nada concreto ante la apremiante situación.
El gobierno de Díaz-Canel, no impulsa la movilización antiimperialista de las masas, solo le exige e impone sacrificios y más sacrificios. Puede convocar algún acto super controlado como hace los días de fiestas, pero no puede ni quiere poner en pie de lucha al pueblo trabajador contra el bloqueo. No puede ni quiere porque la movilización inevitablemente también los cuestionaría a ellos y a su política de ajuste, represión y restauración. De la misma manera, en el plano internacional, saludan los discursos de los gobiernos “amigos” que no hacen nada, en vez de convocar a un gran movimiento internacional para derrotar la ofensiva de Trump.
Como señalamos en la Declaración Internacional de la CRP-CI “la respuesta ante la actual ofensiva contra Cuba debe ser una movilización antiimperialista de la clase obrera y los sectores populares de todo el continente (…) las organizaciones sindicales, populares, estudiantiles y de izquierda de todo el continente y en todo el mundo deben impulsar movilizaciones masivas contra el bloqueo y las sanciones y una gran campaña internacional”.
Diego Dalai






