La LITci ha sentado un nuevo precedente ajeno a nuestra tradición. Ha aprobado una resolución sobre Ucrania que debería cerrar el debate, pero inmediatamente, y bajo el eufemismo “ANEXO 1”, ha reabierto la discusión polemizando directa y públicamente con la posición sobre Ucrania suscrita originalmente por la mayoría del CE de Corriente Roja (BDI 75), que los/as integrantes de la Fracción Trotskista de Corriente Roja continuamos reivindicando.
Por este motivo nos consideramos legitimados/as a continuar la discusión no sólo con el conjunto de la LITci, sino públicamente, y para tal fin hemos elaborado este documento que pedimos que sea publicado tanto en la web de la LITci como en la de Corriente Roja.
Presentación
Ya hace más de tres años que el conflicto entre Ucrania y Rusia diera un salto cualitativo con la llamada “operación especial”, cuando el ejército ruso llevó a cabo una invasión reaccionaria, dando comienzo a una guerra con miles de soldados muertos de ambos bandos, la destrucción de infraestructuras y con consecuencias sociales de gran calado, especialmente en la población y la clase obrera ucraniana.
En este marco, el XVI CM de la LITci se ratifica en la caracterización de que es una “justa guerra de liberación nacional”; y aunque reconoce que ésta se produce en unas condiciones de agudización de las contradicciones interimperialistas, reafirma que es la “liberación nacional” ucraniana la que jerarquiza el programa y las políticas de la Internacional.
En las condiciones de crisis social global del capitalismo con el mundo al borde de la barbarie y las contradicciones interimperialistas agudizadas por la lucha por la hegemonía mundial, el planeta se ha convertido en el escenario de guerras y enfrentamientos, desde Taiwán hasta Venezuela, desde Palestina hasta el Sahara, es imprescindible reafirmar la esencia de la Teoría de la Revolución Permanente. Las tareas democráticas como es la soberanía de una nación, solo encontrarán resolución íntegra y efectiva con la clase obrera en el poder en el camino de la transformación socialista de la sociedad.
Por todo ello, solo desde el reconocimiento explícito del carácter socialista de la lucha en Ucrania se podrá plantear su soberanía frente a las potencias imperialistas, y se avanzará en la construcción de un programa revolucionario.
El contexto de una guerra anunciada
La Resolución del CM acuerda con las aportaciones en que hay que “analizar toda la política previa” que ha llevado a la guerra actual. Y es cierto, hay que analizar TODA la política previa y no solo los hechos que ratifican las decisiones políticas. Este método es tramposo, pues solo se escogen aquellos que las confirman. El “Anexo 1” se basa en el criterio de que “la realidad no estropee un buen titular”.
Un ejemplo clave es el silencio de los/as camaradas respecto a los Acuerdos de Minsk, ofrecidos por todas las potencias como el camino para la resolución del conflicto. Así, en su punto 3 proponían desactivar la crisis en las regiones que despectivamente llama la Resolución, “pro-rusas”, con “una descentralización del poder, incluso a través de la aprobación de una ley ucraniana sobre «arreglos provisionales de gobernación local en algunas zonas de los Óblasts (regiones) de Donetsk y Lugansk» («Ley sobre el estatuto especial»).
Es obvio que los estados firmantes, Rusia incluida, estaban reconociendo explícitamente que las regiones llamadas “prorrusas” son parte de Ucrania, y que se les concedería, por sus características especiales, un “estatuto especial”. Tras más de tres años de guerra, esta realidad de una Ucrania unificada está más lejos que nunca.
Estos Acuerdos nunca llegaron a ser aplicados porque ni Ucrania, y menos que menos la OTAN y la UE tenían la intención de hacerlo; su objetivo era otro; su integración en ambos bloques occidentales, como había sucedido con casi todos los Estados surgidos del colapso de la URSS y el Pacto de Varsovia, desde Polonia hasta Rumanía, pasando por los Estados Bálticos.
Angela Merkel, en el 2022 fue explícita sobre su verdadero carácter cuando afirmó que se firmaron con el único objetivo de dar tiempo a Ucrania para rearmarse y fortalecerse, y añadió que en ese momento Rusia tenía la capacidad de «aplastar fácilmente» a Ucrania. «Dudo mucho que en ese tiempo los países de la OTAN podrían haber hecho tanto como hoy para ayudar a Ucrania» (Interferencia. 13 de diciembre de 2022). Se puede decir más alto, pero no más claro.
El carácter de la guerra
Este es el contexto en el que se produce la invasión rusa, fue la “crónica de una guerra anunciada”, evidenciando que nos encontramos en una guerra “proxy” o “por delegación”; como ya se señalaba en los documentos del Precongreso reflejando las informaciones del The New York Times sobre el papel que las FF AA estadounidenses y la CIA en la guerra, así como el monto del gasto militar de apoyo a Ucrania de la OTAN, que cifraban en 230.000 millones de dólares.
Dicen los compañeros/as que “no podemos excluir la posibilidad” de que el carácter de la guerra cambie y Ucrania se convierta en un “instrumento militar de los imperialismos occidentales, es decir, una guerra interimperialista”. Ya lo es!… como reconoce Angela Merkel, desde hace años, solo que con “intermediarios”, que es lo que niega la LITci.
¿Acaso no fue un acto de guerra “bajo bandera ajena” la destrucción del gasoducto Nord Stream 2?, que empujó a Alemania, y con ella al resto de la UE, en brazos de los EEUU. A Rusia con cerrar el grifo le habría llegado y no tendría que destruir una obra que le costó miles de millones de euros.
Un acto que, por cierto, fue bien premeditado por los EEUU y sus aliados europeos, desde antes incluso que se produjera la invasión rusa.
El 23 de marzo de 2021, es decir, un año antes de la ocupación de Ucrania, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, advirtió a su homólogo alemán en la sede de la OTAN, Heiko Maas, sobre eventuales sanciones a raíz del gasoducto Nord Stream 2, que uniría a Alemania y Rusia. «El presidente Joe Biden ha sido muy claro al decir que cree que el gasoducto es una mala idea. Es malo para Europa, y malo para Estados Unidos». Dicho gaseoducto también privaría de importantes ingresos económicos a Ucrania al no tener que cruzar su territorio.
El 27 de enero de 2022, dos meses antes de la ocupación de Ucrania, el Departamento de Estado estadounidense advirtió, por boca de Victoria Nuland, que, si Rusia invadía Ucrania, el Nord Stream 2 se convertiría en un «amasijo de metal en el fondo del océano».
El 26 de septiembre de 2022 esta profecía se cumplía. Blanco y en botella. Y el Báltico no está en Ucrania, es decir, los actos de guerra van más allá de las estepas ucranianas poniendo al mundo al borde del desastre.
Esta resistencia a perder el papel hegemónico del imperialismo estadounidense ha llevado a su tremenda agresividad, a romper todos los acuerdos que se firmaron entre el 89 y el 92. Y esa línea la llevaron tanto Obama, como Biden y Trump. Los EEUU, y sus aliados europeos, están en guerra contra su propia decadencia y esto los hace tremendamente peligrosos, como está comprobando en sus carnes el pueblo palestino.
El canciller alemán dijo de Israel que “les está haciendo el trabajo sucio” debilitando a aliados estratégicos de Rusia como es Irán, o ahora Venezuela, donde están implicados no sólo los “sospechosos habituales” (los EEUU), sino los franceses de los que son vecinos a través de la Guyana. Si no se entiende que Ucrania es parte de este “gran juego”, difícilmente se va a levantar una política de independencia de clase, se caerá en el campismo entre el bloque que dice defender los derechos de los pueblos a la autodeterminación y el bloque emergente, que también dice defender los derechos de los pueblos, los del mundo multipolar.
La tendencia es a la agudización de la deriva belicista del capitalismo imperialista a través del rearme de todas las naciones. Sacar de este contexto un conflicto solo conduce a errores; olvidarlo conduce a la justificación de una política claudicante ante el régimen de Zelenski, como cuando dicen (todos, incluida la Resolución de la LITci) que en Ucrania no hay soldados OTAN, mientras que en el caso ruso sí cuentan con el ejército norcoreano; lo que demostraría la relativa independencia del mando ucraniano respecto al imperialismo OTAN.
Esto es directamente falso. Más allá de que Zelenski, personalmente, estuvo y está en reuniones del Alto Mando de la OTAN donde se toman decisiones sobre la guerra. Es más, el mismo gobierno británico, para desmentir la detención por las fuerzas rusas de dos altos oficiales (coroneles) en territorio ucraniano, emitió un comunicado el 8/8/25 diciendo que eran “turistas” y “que acabaron en Ochakiv por accidente”.
El mismo comunicado reconoce que «nuestra posición ha sido clara y coherente en todo momento: Rusia lleva más de tres años librando una guerra de agresión a gran escala contra Ucrania. La guerra de Rusia está facilitada por tropas, armas y municiones norcoreanas, drones y misiles iraníes y tecnología china de doble uso (…)«. Y en un alarde de doble rasero continúa: “Los aliados han estado proporcionando asistencia militar sin precedentes a Ucrania desde la invasión a gran escala de Rusia». «La mejor manera de ayudar a poner fin a la guerra, y asegurar una paz justa y duradera, es asegurar que Ucrania pueda entrar en cualquier negociación desde una posición de fuerza«.
Que la OTAN no ha enviado “botas sobre el terreno” es precisamente lo que caracteriza esta guerra como una guerra por delegación; de no ser así sería una guerra interimperialista o para ser más exactos la Tercera Guerra Mundial. Eso no quita el papel, sobre el terreno, de los instructores y militares de élite del Reino Unido, EEUU, Francia… de los que hay noticias desde el 2023 o que este mes se informara de la muerte en el frente de un militar español, tal y como reconoció el alcalde del pueblo del que era originario, ni que los soldados ucranianos se están entrenando en campamentos militares españoles, británicos o franceses.
Además, hay muchas maneras de enviar “botas al terreno” que no necesariamente van con el uniforme de un estado, como los mercenarios; fuerzas auxiliares que desde siempre los ejércitos han utilizado para no comprometer las fuerzas propias. Hoy esas fuerzas auxiliares se llaman Wagner, Blackwater, etc. De hecho, se sabe que en Ucrania están combatiendo para su ejército mercenarios colombianos, como ha denunciado el mismo presidente Petro.
La realidad demuestra el verdadero carácter de la guerra en Ucrania como una “guerra por delegación”, en la que el gobierno de Zelenski actúa como instrumento del bloque “Otanista” frente al imperialismo ruso para llevar adelante los planes del imperialismo euro norteamericano no solo de hacerse con las riquezas de Ucrania, como la entrega de tierras a las multinacionales yankis, sino con el horizonte de cumplir su viejo sueño de saquear Rusia.
Este es un viejo proyecto imperialista desde la época de la revolución rusa cuando atacaron la Rusia revolucionaria no solo para derrotarla, sino que tras la derrota vendría, no la reconstrucción de un estado unitario, sino un reparto de Rusia entre las potencias que intervinieron. Este sueño se reactivó tras el colapso de la URSS, como se puso de manifiesto con la expansión de la OTAN al Este semicolonizando las repúblicas ex soviéticas. Para el imperialismo euro norteamericano, ¿por qué pararse en Estonia, Lituania, Ucrania, etc? Debieron preguntarse, ¿por qué no saquear las riquezas de Rusia?
Imaginemos que China pone una base militar en Canadá o México, o, como ya se vio en la historia con la respuesta de los EEUU cuando la URSS quiso instalar armamento nuclear en Cuba, después del triunfo de la revolución en la isla. Invocarían el derecho a la autodefensa de su existencia como nación, tal y como hizo Rusia ante la posibilidad de la entrada de Ucrania en la OTAN.
Eso no deja de ser un pretexto demagógico del imperialismo ruso, pero no se puede negar el hecho del avance de la OTAN en todo el Este de Europa les da argumentos en esta contienda por delegación entre imperialismos.
La soberanía ucraniana cuestionada
En esta guerra, según la LITci, el triunfo de Ucrania supondría que “estará más cercano el fin de los opresores Putin y su FSB y Lukashenko y su KGB y todos los regímenes satélites del Kremlin”. Han apelado a citas de Trotski en el conflicto chino-japonés para dar un supuesto fundamento teórico a su posición, aunque, reseñando solo la parte de las citas en las que insiste Trostski, el llamamiento a los trabajadores y especialmente a la vanguardia revolucionaria de todos los países a apoyar la lucha de China contra Japón “por todos los medios”, porque “la derrota del imperialismo japonés abriría caminos hacia la revolución en China y Japón”.
Como dijimos en la Conferencia Internacional del Partido, es una lástima que esa cita la cortaran por la mitad, porque bastaba con seguir leyendo el texto para comprenderlo: “Si el imperialismo japonés fuera derrotado en China por sus rivales imperialistas y no por las masas revolucionarias, eso significaría la esclavización de China por parte del capital anglonorteamericano. La liberación de China y la emancipación de las masas chinas de toda explotación solo puede ser alcanzada por las propias masas chinas en alianza con el proletariado y los pueblos oprimidos del mundo”
En Ucrania las fronteras de los dos bloques aparecen nítidas y el bando militar de Ucrania es el de la OTAN; su triunfo, en estas condiciones, no significaría ni un solo paso adelante en la lucha de la clase obrera y los pueblos por su liberación, sino el de uno de los dos “campos” imperialistas y la semicolonización de Ucrania.
Desconocer esta realidad, o minimizarla, sólo conduce al tan criticado “campismo”, es decir, a defender la posibilidad de la existencia de un campo capitalista imperialista “progresivo” que apoya con mayor o menor firmeza a Ucrania frente al “campo reaccionario” de Rusia y sus aliados, al que hay exigirle coherencia y denunciar su papel hipócrita, mas no enfrentarlo directamente. La defensa de la soberanía nacional ucraniana no se puede hacer bajo este criterio “campista”.
Existe una tercera vía, la de la clase obrera mundial que debe rechazar tanto el campo de “los aliados” como el campo “putinista”, y construir una alternativa que hable claramente de que en Ucrania, como en Rusia, la tarea es acabar con el capitalismo en cualquiera de sus formas. El derecho a la soberanía plena ucraniana va ligado a esta perspectiva; cualquier otra solo conduce a profundizar su semicolonización.
De hecho, si los camaradas leen bien su cita de Lenin del punto 16 de la resolución, entenderán que apunta en el sentido opuesto al que ellos le quieren dar:
“En la guerra actual, el elemento nacional está representado sólo por la guerra de Serbia contra Austria (…). Si esta guerra fuera aislada, es decir, si no estuviera relacionada con la guerra europea general, con los objetivos egoístas y depredadores de Gran Bretaña, Rusia, etc., habría sido el deber de todos los socialistas desear el éxito de la burguesía serbia: esta es la única conclusión correcta y absolutamente inevitable que se puede sacar del elemento nacional en la guerra actual”. (Lenin, Colapso de la IIª Internacional, 1915, el subrayado es mío).
La «revolución democrática» aplicada al Maidán
La LITci interpreta los procesos revolucionarios en base a la revisión que hizo Moreno, de la Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky. Esta teorización explica que, de manera semejante a la revolución política que es necesaria hacer en los estados obreros burocráticos para que la clase obrera retome el poder usurpado por la burocracia estalinista, también en los estados capitalistas que tienen un régimen fascista (aplicado también al bonapartismo y a las dictaduras) corresponde llevar a cabo una revolución en dicho régimen; una revolución democrática como primera etapa para conquistar un régimen capitalista “más favorable”, que facilite encarar la segunda etapa, ahora sí, de revolución social.
Dice Moreno: “Acá hay un problema político grave, tremendo (…). Pareciera que el hecho de la contrarrevolución capitalista ha replanteado la necesidad de que tiene que haber una revolución democrática. Y que ignorar que lo que se plantea en los países adelantados donde hay regímenes contrarrevolucionarios también es una revolución democrática, es maximalismo, es tan grave como ignorar la revolución democrático burguesa en los países atrasados. Esto es muy importante. No sé si es correcto o no. Si es correcto, hay que cambiar toda la formulación de las Tesis de la revolución permanente. Me da la impresión de que es correcto, y de que Trotski apuntaba para allá.
Sin embargo la analogía citada adolece de un grave problema. Porque si llamamos a hacer la revolución política en un Estado obrero burocrático, es precisamente porque el Estado obrero ya lo hemos conquistado y la tarea es recuperarlo para una estrategia revolucionaria internacionalista. Sin embargo, si en un Estado capitalista nos limitamos a hacer una revolución en el régimen, una revolución democrática, el estado va a continuar siendo capitalista, al servicio de perpetuar la explotación y la opresión de nuestra clase. Eso es justamente la base de la Teoría de la Revolución permanente, como teoría de la revolución internacional en la época imperialista y la imposibilidad de que haya revoluciones burguesas (“democráticas”) como etapa intermedia.
Para la emancipación del proletariado no hay escalas en el capitalismo. La única revolución que obedece a nuestros intereses de clase es la revolución social que conquiste la organización del proletariado como clase dominante, el Estado obrero revolucionario.
La teoría de la revolución democrática lleva implícito una subestimación del rol de la dirección política y los sujetos sociales y políticos en los procesos revolucionarios. Es el objetivismo que lleva además a un menosprecio de la actuación de la burguesía en estos procesos de cambios de gobiernos o regímenes y de la actuación del imperialismo sobre ellos. Dicho de otra forma, si la estrategia planteada no es enfrentar al Estado capitalista hasta derrumbarlo, ¿para qué nos vamos a embarcar en tan arduas tareas? Prácticamente cualquier clase social y cualquier dirección política pueden hacerse cargo.
La caracterización del Maidán y la fuente teórico-política de los errores
En relación al Maidán de 2013-14, la LITci explica: “Fue una revuelta contra Yanukóvich y su intento de imponer un giro bonapartista. Fue una victoria absolutamente clara. Es más, se destruyó la institución armada más importante del Estado burgués ucraniano. Se disolvieron las fuerzas especiales de represión interna «Berkut». Además, el pueblo derrocó a todos los gobernadores de las “oblast”.” Y continúa: “¿En qué consiste esa supuesta “derrota”? ¿En la victoria del oligarca Poroshenko en las elecciones posteriores? Claro que es un índice del atraso en la conciencia de las masas y de la ausencia de una dirección revolucionaria. Pero ¿Acaso juzgamos la victoria o la derrota de un proceso revolucionario sólo por los gobernantes electos o incluso, sólo por sus dirigentes?”.
¿De qué “victoria absolutamente clara” habla la LITci? ¿De una victoria de la revolución social? Obviamente no, porque el Estado capitalista ucraniano permaneció intacto. La LITci se refiere a una victoria de la revolución democrática, porque se consiguió un cambio de gobierno y un limitado cambio de régimen (vuelta a la Constitución de 2004 y al sistema político parlamentario en lugar del presidencial). Para la LIT, por lo tanto, el nuevo régimen y los gobiernos de Yatseniuk (interino), Poroshenko y Zelenski, proeuropeos y proestadounidenses, son “más favorables” a los intereses del proletariado y del pueblo, precisamente por ser la representación orgánica de la “victoria de la revolución democrática”.
Con esta forma de razonar, la LITci abandona la independencia de clase para abrazar el “campismo” y capitular políticamente al campo del imperialismo estadounidense.
Para justificar la victoria de una “revolución democrática clásica” en el Maidán, que habría dado lugar incluso a un “cambio en la correlación de fuerzas entre las clases”, a favor del proletariado, la LIT se ve obligada a despreciar y distorsionar la realidad para que encaje en sus falsas conclusiones idealistas. El “Anexo 1” es la mejor muestra de este empeño. Contradictoriamente para la LITci, la mayoría de las consecuencias de la derrota del Maidán de 2013-14 que aparecen en este texto, forman parte de sus elaboraciones públicas de esta última década.
El Maidán tuvo importantes limitaciones. “No abarcó todo el país. El este ucraniano, la parte más industrializada, con las minas más importantes y con mayor concentración obrera no fue parte activa de la revolución. Tampoco la clase obrera de Kiev intervino de manera independiente con sus organizaciones para conformarse como sujeto social del proceso, y no hubo ningún partido revolucionario disputando la dirección, que fue ocupada por sectores burgueses pro-UE y organizaciones de la ultraderecha, dando finalmente lugar a la caída de Yanukóvich y a la instauración del gobierno interino Yatseniuk-Turchínov. “En la conciencia de los trabajadores y las masas ucranianas había una gran confusión política, expresada en la ilusión sembrada por importantes sectores burgueses sobre que el ingreso a la UE garantizaría no solo democracia sino también independencia y prosperidad económica.”
En rigor podemos afirmar que el Maidán surgió como una revuelta muy progresiva contra el gobierno de Yanukovich, que fue desviada por fuerzas reaccionarias y proimperaialistas y en la que la extrema derecha, el “nacionalismo radical”, fogueada como fuerza paramilitar, actuó como vanguardia frente a la represión del gobierno canjeándose así las simpatías de muchos de las activistas de la plaza. No es, pues, el triunfo de las masas obreras, por más que cayera el gobierno, sino el de fuerzas reaccionarias y proimperialistas que lograron desviar la revuelta.
La resolución de la LITci, contestándonos, afirma: “6. ¿En qué consiste esa supuesta “derrota”? ¿En la victoria del oligarca Poroshenko en las elecciones siguientes? Claro que es un indicador del atraso en la conciencia de las masas y de la ausencia de una dirección revolucionaria. Pero, ¿juzgamos la victoria o la derrota de un proceso revolucionario solo por los gobernantes electos o, incluso, solo por sus líderes?”
Lo primero es que no hubo revolución y si lo que se pretende es juzgar el proceso por el resultado (cayó el gobierno de Yanukovich) conviene recordar los consejos de Trotski en 1930 a los compañeros italianos bajo el gobierno de Mussolini: “¿Significa esto que Italia no puede convertirse nuevamente, durante un tiempo, en un Estado parlamentario o en una “república democrática”? Considero (…) que esa eventualidad no está excluida. Pero no será el fruto de una revolución burguesa sino el aborto de una revolución proletaria insuficientemente madura y prematura. Si estalla una profunda crisis revolucionaria y se dan batallas de masas en el curso de las cuales la vanguardia proletaria no tome el poder posiblemente la burguesía restaure su dominio sobre bases “democráticas”.
Las primeras consecuencias de esa capitalización del nacionalismo reaccionario ucraniano del Maidán para el proletariado ucraniano aparecen recogidas en la declaración de la LITci fechada el 22 de mayo de 2014: “El Gobierno provisorio de Yatseniuk firmó un acuerdo con el FMI que es un paso cualitativo en la colonización del país y su sumisión a la UE. El plan incluye un durísimo ataque contra el pueblo ucraniano, así como la recomposición de sus fuerzas armadas directamente por la CIA, creando la Guardia Nacional, que incorpora al aparato represivo estatal las hordas nazis que actuaron en Maidán. La cuestión nacional no fue resuelta. Por el contrario, se agravó con una colonización mucho más directa de la Unión Europea y el FMI sin que dejasen de existir fuertes elementos de dominación rusa sobre zonas de Ucrania. Con el resquebrajamiento de la economía ucraniana la moneda nacional perdió más del 50% de su valor en dos meses, eso por sí solo representó una profunda pérdida en los ya bajos salarios. La crisis profundizó el desempleo, y el paquete de medidas exigido por el FMI y aplicado por el servil gobierno de Kiev, que aumenta el precio del gas en 50%, congela los salarios de los empleados públicos, y está llevando a un aumento de precios generalizado.”
En febrero de 2014, la Rada Suprema de Ucrania acordó abolir la Ley sobre las bases de la política lingüística, que concedía la cooficialidad a las lenguas habladas por al menos el 10% de los habitantes en los raiones (divisiones administrativas de segundo nivel tras los óblasts), lo que significó un ataque directo contra la Ucrania rusófona (Este y Sur del país).
Pese a que el 3 de marzo Turchínov no firmó la resolución para que la abolición entrara en vigor, el daño ya estaba hecho. “Antes de esas medidas, las corrientes separatistas de esa región no tenían peso de masas. Fueron esas medidas las que arrojaron a un sector del proletariado hacia la reaccionaria causa separatista (…) El gobierno pro-imperialista de Kiev intentó una ofensiva militar contra el Este rebelado, que fue un monumental fracaso. Las fuerzas regulares del Ejército se negaban a disparar, entregaban sus armas al pueblo. No obstante, el ejército fue sustituido por las nuevas fuerzas de represión (la Guardia Nacional y la División Alpha), reorganizadas con la ayuda del imperialismo y reclutadas entre las filas de las organizaciones neonazis.” Las autoridades de Crimea solicitaron la asistencia del Gobierno de Moscú después de que la Rada Suprema de Ucrania acordara abolir la citada ley. El 18 de marzo Rusia anexionó la península de Crimea y el 6 de abril comenzó la guerra civil en el Dombás, entre el Gobierno pro-UE de Kiev y el imperialismo ruso que intervino por delegación.
El “Anexo 1” dice que “dividir a los trabajadores y el pueblo de Ucrania fue y es la política central del régimen de la oligarquía rusa y sus agentes que actúan en Ucrania”, pero silencia el papel igualmente criminal del régimen de Kiev en este terreno. Además, se niega a tender la mano a la clase obrera del Este de Ucrania tachándola de “prorrusa” y rechazando cualquiera de sus reivindicaciones de autonomía, negando así el problema de opresión nacional existente, textualizado en los Acuerdos de Minsk.
Otra consecuencia de la derrota del Maidán, especialmente lesiva para los intereses políticos y organizativos del proletariado, ha sido la prohibición de partidos políticos, al amparo de las Leyes de descomunización de Ucrania firmadas por el expresidente Poroshenko el 15 de mayo de 2015. En diciembre de ese año estaban prohibidos el Partido Comunista de Ucrania, el Partido Comunista de Ucrania (renovado) y el Partido Comunista de Trabajadores y Campesinos. El 20 de marzo de 2022, el presidente Zelenski anunció la suspensión de la actividad de once partidos políticos más, acusándolos de colaboracionismo con Rusia, durante la vigencia de la ley marcial en Ucrania. Imaginemos entonces las infinitas dificultades que tiene hoy día la construcción de un partido político revolucionario en Ucrania.
De una manera inaudita, la LITci aprueba la ilegalización de partidos políticos por un estado burgués, diciendo en su “Anexo 1” que “en medio de la indignación masiva ante la agresión [rusa], eso dio la oportunidad y margen para que Poroshenko y la Rada en 2015 ilegalicen a esos partidos y sus símbolos”.
La resolución es lamentable cuando afirma: “Pero es necesario aclarar que, a pesar de la ofensiva reaccionaria, intensificada tras la invasión a gran escala en 2022 y justificada por la ley marcial y la situación de guerra, varios grupos trotskistas, anarquistas y llamados socialistas funcionan sin persecución legal.”
Es decir, primero justifica la ilegalización del régimen a Partidos comunistas y luego embellecen a un gobierno burgués imperialista porque el régimen ucraniano no persigue a grupos trotskistas, anarquistas o socialistas, ya que “se conquistaron, aunque de manera limitada, mayores libertades”.
La capitalización del Maidán por los de los sectores proimperialistas, se expresa también de una manera categórica en relación a la cuestión agraria ucraniana: « (…) la propiedad de la tierra es la clave del control de la economía ucraniana. (…) el país destina a la agricultura 42,5 millones de hectáreas (32 millones de primerísima calidad productiva) de las poco más de 60 millones de área total. ¡El 70% de la superficie ucraniana!
(…) Luego de la restauración del capitalismo y la disolución de la URSS (1991), los gobiernos de la ahora Ucrania independiente comenzaron un proceso de privatización que ya lleva 30 años: actualmente el 68% de las tierras está en manos privadas mientras el 32% sigue en manos del Estado.
Inicialmente, esa privatización se realizó por la vía de entregar certificados de propiedad de pequeñas parcelas de tierra a los trabajadores de las ex granjas colectivas. Esta política fue orientada y financiada por el FMI y otros organismos internacionales. Se estimaba que había unos siete millones de nuevos pequeños propietarios en estas condiciones. Pero la menor rentabilidad y la crisis económica del país hicieron que muchos de esos agricultores se endeudaran y debieran vender sus parcelas. Comenzó un proceso de concentración de la propiedad, que fue capitalizado por una nueva oligarquía agraria. En 2001, el gobierno instituyó una moratoria de estas deudas, para evitar nuevas transferencias de tierras privadas, y detuvo las privatizaciones de tierras estatales. El proceso que acabamos de analizar quedó entonces “congelado”.
Se reabrió a partir de 2016, con los gobiernos del nuevo régimen político surgido luego de la revolución de Maidán. El de Zelenski en particular “ordenó al Parlamento de Ucrania que presente un proyecto de ley sobre la reforma agraria con el objetivo de abrir el mercado de tierras del país, el 1 de diciembre de 2019”. (…)».
La LITci sigue “como la sombra al cuerpo” la política del imperialismo estadounidense y del Gobierno de Kiev y, por lo tanto, milita contra la liberación nacional de Ucrania de todos los imperialismos que la someten (Rusia, EEUU, UE). En relación a la guerra en curso, la LITci dice: “la victoria, aunque sea parcial, de la resistencia ucraniana a la agresión rusa, daría mayor moral y confianza al proletariado ucraniano a enfrentar también a su propio gobierno como a la rapiña del imperialismo occidental que penetra su país”. Con esta declaración, la LITci suscribe la política estadounidense de “concesiones territoriales” para desmembrar Ucrania y repartirla con el imperialismo ruso, y también reconoce explícitamente que el proletariado ucraniano no debe enfrentar ahora a su propio gobierno ni a la rapiña del imperialismo occidental, sino que esto tendría que hacerlo en una segunda etapa, tras la “victoria, aunque sea parcial” en la guerra, renegando de esta manera de la Teoría de la Revolución Permanente.
5 de noviembre de 2025
Fracción Trotskista de Corriente Roja






