Levantar un programa revolucionario basado en la independencia de clase, comienza por algo tan elemental como analizar el carácter del estado y específicamente, la situación concreta de la clase obrera. Nadie duda del carácter burgués del estado ucraniano, sin embargo, a lo largo del debate precongresual de la LITci se formuló una pregunta, cuando hablan de la clase obrera, ¿a qué sector o a quién se refieren exactamente?.
«Un país plurinacional»
En el Anexo 1 de las Resoluciones, que el mismo Congreso Mundial ha hecho público, se reconoce que Ucrania “es un país plurinacional”, para, acto seguido, centrar toda la política de la LITci en “dialogar” con el sector de la clase que apoya al régimen de Zelenski; el resto, los refugiados/desertores en Europa o Rusia o los que viven en el Dombás, ni tan siquiera existen o bien son acusados de “pro rusos” y punto.
Ucrania es, como muchos estados de Europa, un crisol de naciones y pueblos construidos a lo largo de los siglos -el Estado español da fe de ello-; por eso es tan importante esta afirmación, pero, sobre todo, desarrollarla para saber a qué clase obrera nos queremos dirigir, y a partir de la irrestricta defensa de los derechos políticos y culturales de las minorías nacionales, restaurar su unidad destruida por las políticas nacionalistas.
El Dombás ha sido históricamente la región más industrial de Ucrania que ha concentrado a millones de obreros/as de la industria extractiva y la metalurgia (entre 3,5 y 4,5 millones de trabajadores/as). En el referéndum por la independencia de Ucrania en 1991, votó a favor el 82% en esa región (83,86% en Lugansk y 83,90% en Donetsk), las llamadas despectivamente “provincias secesionistas”.
El nacionalismo chovinista ucraniano, los grupos ultra reaccionarios y paramilitares surgidos del Maidán (como el célebre batallón Azov entre otros) en los que se apoyó integrándolos en su estructura militar para iniciar la guerra civil en el 2014, llamaron siempre a estos trabajadores del Dombás “colonos”. Se calcula que en torno a 2 millones de personas (de una población de 6,5 millones) procedentes de esas zonas se han refugiado en Rusia. Para la resolución de la LITci este sector de la clase obrera no solo no existe, sino que son descalificados como “pro rusos”, omitiendo la guerra civil que desde 2014 se venía produciendo en el Dombás y en la que se reconocen no menos de 15.000 muertos.
Por otro lado, aunque los datos no tengan siempre una completa fiabilidad, se estima que desde la crisis del 2008 venía aconteciendo una salida masiva de trabajadores/as ucranianos del país, en especial hacia Europa. Se cifra en torno a tres millones quienes emigraron en busca de trabajo fuera de Ucrania antes de la invasión rusa del 2022. A mediados del 2023 esa cifra estaba ya en torno a los 8 millones. Cuando se habla de la clase obrera ucraniana, este sector tampoco parece existir.
Ejército burgués vs. ejército obrero
Todos los análisis de la clase obrera ucraniana que hemos venido haciendo en la LITci están plagados de “relatos” que apoyan la “unidad de Ucrania” frente al “separatismo pro ruso”. Durante tres años, por ejemplo, hemos venido hablando del ejército ucraniano como si fuera un ejército de “obreros en armas” embelleciendo así a un ejército burgués. Se pone como ejemplo la afluencia masiva de obreros a alistarse como voluntarios en cuanto se produjo la invasión.
Hemos escrito que en la estructura militar en Ucrania, como en tantos países de la ex URSS, las Defensas Territoriales, son la rama de la reserva militar del Ejército y tiene funciones específicas bajo la disciplina del ejército; nada que ver con una milicia obrera. Si además esa defensa territorial se organiza sobre la base de la “unidad de una Ucrania”, burguesa no lo olvidemos, contra los “secesionistas”, acaba teniendo un tinte reaccionario, por más obreros que acudan a ella.
El gobierno ucraniano está teniendo inmensos problemas para el reclutamiento. En una entrevista hecha a finales del 2024 a Yuriv Samoilov, del Sindicato Independiente Minero “Más que el cansancio, que ya ha pasado, ahora tenemos apatía. La apatía es peor. La mayoría de la gente ya no espera nada (…). Estamos cubriendo a los trabajadores y trabajadoras de las grandes empresas, donde es más fácil para el reclutamiento militar. Ahora hay exenciones, que significa que hay trabajadores y trabajadoras que no pueden ser reclutados en el Ejército. Pero en general, todo el mundo siente la presión de ir a combatir. Los centros de entrenamiento de la Defensa Territorial son muy duros y funcionan de forma provocativa. Los reclutadores entran en empresas como ArcelorMittal, pero los sindicatos se oponen a ello».
La clase obrera ucraniana en todo este proceso no solo no ha actuado como clase, con una alternativa independiente de las diferentes facciones de la burguesía, sino que con la guerra se ha profundizado su división, con esos tres sectores diferenciados: aquellos que se ubican tras la lucha contra la ocupación rusa y como ala crítica del régimen de Zelenski, aquellos que han emigrado y desertado a Europa y, en tercer lugar, los habitantes del Dombás, a los que se les niega sus más elementales derechos, empujándolos a convertirse en carne de cañón del imperialismo ruso.
Un programa de independencia de clase
¿Cómo es posible levantar un programa revolucionario, de independencia de clase, sin mencionar siquiera que ese programa debe tener como eje la superación de esta división construida alrededor de consignas nacionalistas?
Lejos de esto la Resolución glorifica la división de la clase obrera que es un propósito en exclusiva de Putin, omitiendo que no solo la pretende Putin, sino todo el imperialismo euro norteamericano a través de su herramienta, el gobierno de Zelenski: “Dividir a los trabajadores y a la población de Ucrania fue y sigue siendo la política central del régimen de la oligarquía rusa y sus agentes que actúan en Ucrania. Pero la necesidad misma de defender su país contra la invasión frustró los intentos de Putin de dividir a la clase trabajadora. El hecho más contundente que demuestra el error de su conclusión fue la unidad de la clase trabajadora que, consciente de la distancia, llegó el 24 de febrero de 2022 para recoger armas y registrarse como voluntarios para combatir”.
No se puede construir un programa que articule las tareas de liberación nacional y social de Ucrania desde una óptica nacionalista burguesa, chovinista. Un programa que hable de la defensa de Ucrania y su ¡Unidad!, en un país plurinacional, y que desconozca la división de la clase obrera, no es más que un programa nacionalista burgués así se disfrace con consignas de “obreros”.
Tanto el ejército ruso como las fuerzas de la OTAN son enemigos mortales de la lucha socialista y no se puede encarar ni con la política “campista” del “bloque progresivo” ni la conclusión de facto etapista de “primero ganemos la guerra y después hagamos la revolución”. Esta es la garantía para perder ambas luchas.
El programa de la resolución de la LITci es una amalgama de consignas en medio de abstracciones como hablar de una “Ucrania obrera”, reclamar armas al imperialismo, desconocer su carácter “plurinacional” y no hacer llamamiento alguno a la clase obrera rusa a enfrentar su propio imperialismo.
El Programa de transición (PdT) debe tener una unidad política, programática y estratégica para construir esa independencia de clase. Un programa que no arranca de la lucha por esa unidad obrera, que incluya sus reivindicaciones sociales (incluyendo a los que se tuvieron que ir huyendo del hambre); que incluya las demandas democráticas estructurales como el derecho de autodeterminación; que no plantee medidas simples y ligadas a las experiencias de las masas que apunten a su organización independiente, que no incluya llamamientos a los obreros rusos… no es un programa obrero ni revolucionario, es retórica inconexa en un papel que lo soporta todo.
No hay forma de construir un Programa de Transición sin desarrollar de manera coherente, pedagógica, partiendo de su propia experiencia, la necesidad vital de esa unidad obrera entre los pueblos para acabar con una guerra que nos condena a la dependencia y la esclavización de dos imperialismos, el ruso y el de la OTAN, a que la clase obrera seamos furgón de cola de gobiernos imperialistas o lacayos de éstos.
Un programa que contemple la paz, el derecho al trabajo y condiciones dignas de vida, el retorno de los emigrados/as, los derechos de las nacionalidades, un programa que no sea una especie de “etapa previa” de una “Ucrania Obrera en una
Europa Obrera”, sino que en el marco de las contradicciones interimperialistas agudizadas, luche por una Ucrania Socialista en el marco de los Estados Unidos Socialistas de Europa.
La lucha por la soberanía nacional ucraniana se ubica en los dos frentes ante los que se encuentra: la expulsión del ocupante ruso y la caída del régimen pro occidental de Zelenski que signifique la ruptura de todos los pactos suscritos con los EEUU y la UE.
Hay que levantar un programa que avance en la unidad y por una reconstrucción obrera y socialista de la Ucrania semidestruida por la guerra. En esta lucha, es básica la exigencia del control obrero que garantice la subsistencia en medio de la guerra, que apunte no al fortalecimiento del “ejército nacional”, sino la lucha por la independencia de clase también en el terreno militar. No buscamos un “ejército nacional”, burgués por definición, “juntando el agua con el fuego”, sino un Ejército obrero y popular; objetivo estratégico al que se subordinan las tácticas de cada momento concreto.
¿Contra el rearme imperialista…? Y ¿¡armas para Ucrania!?
No existe un programa revolucionario “nacional trotskista”, sino está inserto en la lucha de la clase obrera europea y mundial contra las políticas belicistas de las potencias imperialistas en su choque por la hegemonía mundial. Es una parte fundamental de ese programa para no convertir la lucha contra el rearme imperialista en un saludo a la bandera.
Es incongruente decir ¡No a los presupuestos de rearme y a la integración de Ucrania en la OTAN! ¡La OTAN no es garantía de seguridad, es enemiga de los pueblos y los trabajadores! ¡Dinero para trabajo, salud, vivienda y educación!”, cuando al tiempo se denuncia a los países imperialistas por no mandar más armas a Ucrania.
En este sentido se critica al propio Zelenski por no desarrollar una fuerte industria nacional de guerra, es decir un programa armamentista en una industria que está en manos de un gobierno burgués proimperialista, cuando no es cierto que no la desarrollen. Ucrania, con el dinero del imperialismo, se ha convertido en una industria puntera en la fabricación de drones.
La incongruencia de esta posición se pondría blanco sobre negro si por ejemplo Corriente Roja tuviera un diputado/a en el Parlamento; ¿qué votaría ante la propuesta de aumentar el presupuesto militar? (como están haciendo los gobiernos en “nombre” de apoyar a Ucrania y para derrotar el “peligro ruso”). No, eso no, ¿pero sí a que manden armas a Ucrania?. Muy difícil que esa posición tenga la más mínima credibilidad y coherencia, inhabilitándonos para una tarea crucial, dar una batalla coherente y hasta el final contra el armamentismo y las tendencias belicistas en los países imperialistas.
Pero más allá de una situación hipotética, tomemos una mucho más inmediata. L’Unione Sindacale di Base (USB) ha anunciado el llamamiento a la Huelga General para el 28 de noviembre y una marcha sobre Roma el 29, “contra el presupuesto de ajuste y rearme bélico impulsado por el Gobierno”. La medida fue resuelta en una asamblea nacional de la USB en la que participaron cientos de delegados/as de todas las regiones y sectores —industria, sector público, educación, sanidad, logística, puertos y servicios.
El llamamiento se fundamenta en su oposición “al presupuesto de rearme bélico y economía de guerra que se apoya al mismo tiempo sobre recortes a los recursos públicos y derechos sociales. «Cada euro gastado en armas es un euro que se resta a la educación, la sanidad, las pensiones y el empleo».
Más allá de consideraciones tácticas en torno a la convocatoria, ¿la convocatoria es progresiva?, ¿hay que apoyarla? ¿Es correcto impulsar movilizaciones en los países imperialistas contra los planes belicistas y el armamentismo de sus gobiernos?
¿Cómo cuadra eso con seguir pidiendo armas para Ucrania? Nosotros/as no tenemos dudas de que hay que apoyar el 28 y hacer una gran jornada de huelga en Italia contra el ajuste y el rearme y que Italia pueda ser así el ejemplo en el que apoyarse para desarrollar la lucha de clases en toda Europa.
Recuperemos el viejo grito de la izquierda internacionalista de la Segunda Internacional, en la Conferencia de Zimmerwald: guerra a la guerra.
Con quién levantar este programa
Serán los marxistas revolucionarios ucranianos los que desarrollarán un programa para la revolución socialista, de la que éstos son, solo, unos trazos. Por ello, no es un tema menor tener referencia de organizaciones obreras en las que apoyar las propuestas y la propaganda revolucionaria; sin embargo, en esto el programa aprobado en la LITci no se hace ni mención.
En este sentido, es una lástima que no sepamos nada de la actual situación de organizaciones obreras como el Sindicato Independiente de Mineros de Ucrania (NPGU) de Krivi Rih, o que tengamos noticias de su presidente por otros medios ajenos a la LITci, pese a ser ese el lugar en donde comenzó la campaña de apoyo a los trabajadores ucranianos y al que dirigimos nuestros esfuerzos en estos años.
Las lecciones de la Guerra en Ucrania demuestran la importancia que para la refundación/reconstrucción de la IVª Internacional tiene contextualizar los conflictos en el marco de las contradicciones entre las potencias imperialistas, así como definir con precisión su carácter de clase.
En tiempos de “paz social”, cuando la rutina determina los conflictos entre las clases y las potencias, los errores en la política y la ubicación social se pueden permitir el lujo de los trazos gruesos, puesto que no se magnifican y se pueden corregir sin grandes crisis.
Sin embargo, si éstos se producen en unas condiciones como las actuales, de aguda crisis social capitalista, esos errores se convierten en rupturas con el programa revolucionario e inutilizan a cualquier organización para asumir la tarea central en la época actual, la construcción del partido mundial para la revolución socialista.
11 de noviembre de 2025
Fracción Trotskista de Corriente Roja






